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La historia sobre el origen del hombre que narra Letonio mientras viaja con Silvana hacia el helado Continente Blanco y la entrevista que mantienen allí con el Blanco y el misterioso ser que le acompaña es una recreación literaria basada en las teorías que David Barclay expone en su libro Aliens, The Final Answer. Evidentemente no es mi intención apoyar ningún dogma en concreto, por desgracia mis dudas al respecto no han hecho sino aumentar, pero supongo que su hipótesis gustará sobremanera a los creacionistas y defensores del Diseño Inteligente que, especialmente en Estados Unidos, cuestionan la teoría evolutiva de Darwin al creer fielmente lo que afirma la Biblia … Aunque no piensen en un Dios con forma de lagarto. La esencia de su hipótesis se encuentra reflejada básicamente en esos dos momentos de la novela, cuando Letonio explica nuestra creación por una especie de dinosaurios inteligentes para servirles, la rebelión que esos primeros hombres llevaron a cabo contra ellos y las desastrosas consecuencias que sobrevino tras la guerra causada por dicho enfrentamiento. En la conversación del lagarto con Silvana se explica el por qué somos una especie tan variada morfológicamente y sin embargo totalmente compatibles unos con otros. Por supuesto, Barclay expone en su obra infinidad de razones por las que él piensa que esto fue así: nuestra nula relación con los primates, las dudas sobre si realmente somos mamíferos, las leyendas (sobre todo el Génesis) donde se explica la relación tan especial de nuestros padres con ese dios o dioses todopoderosos, la presencia de extrañas aeronaves en nuestros cielos desde tiempos inmemoriales, la relación de sus tripulantes con el nacimiento de las religiones… Es una teoría bien documentada, aunque como suele suceder en estos temas se basa muchas veces en cuestiones de apreciación personal difícilmente demostrables… Aunque el mérito de formularla, desde mi punto de vista, es inmenso. No la comparto al cien por cien pues encuentro ciertos hechos que no logra explicar convincentemente, pero en algunos aspectos me parece realmente acertada. Debemos partir de una premisa básica: la existencia real de esas naves que algunos afirman sobrevuelan nuestro planeta y cuyos ocupantes no son humanos (como puede ver no digo extraterrestres). Si el lector es de los escépticos sobre el tema mejor será que deje de leer y busque otro enlace… Aunque para su desgracia la mayoría se refieren directa o indirectamente a él. Para los que han decidido seguir, gracias. Seguro que no se sentirán decepcionados. Cuando de niño dejaba volar mi imaginación con los ovnis, siempre pensaba en seres superdesarrollados que surcaban el espacio con sus naves a velocidades fantásticas, aterrizaban en nuestro planeta con la intención de explorarlo, enseñarnos técnicas increíbles, convertirse en nuestros dioses… o invadirnos. Sin embargo más tarde descubrí que esas naves, cuya verdadera eclosión parecía haberse producido a partir de 1947, en realidad llevaban aquí prácticamente desde que el hombre está sobre la tierra, y que tanto ellas como sus ocupantes habían sido representadas en cuevas y lienzos a lo largo de toda la historia. Siempre di por supuesto que esos seres parecidos a lagartos que algunos afirman haber visto descender de extrañas aeronaves procedían del espacio, o sea que eran extraterrestres (supongo que ayudó bastante leer a Von Däniken, J. J. Benítez, Zecharia Sitchin, Peter Kolosimo...), y la afirmación de Barclay, “a nadie parece importarle que existan seres más inteligentes que nosotros siempre y cuando no sean de la tierra”, puso ante mis ojos una realidad que hasta entonces no había contemplado. En todo ese tiempo siempre hubo algo que me intrigó, algo que no podía explicar, y para lo que ni siquiera mi desbordada imaginación era capaz de encontrar una respuesta que me complaciera mínimamente. Me refiero a lo siguiente: ya de niño me preguntaba extrañado por qué esos seres que nos visitaban desde lejanos planetas eran tan inquietantemente similares a nosotros, por qué con las infinitas formas de vida que podían llenar el universo eran bípedos, con su cabeza, tronco y extremidades como los humanos, por qué eran capaces de respirar nuestro aire sin recurrir a escafandras… Y la respuesta, una posible respuesta, me la ofreció David Barclay cuando leí su libro hace unos años. Pueden respirar nuestro aire y moverse en la gravedad terrestre con absoluta normalidad simplemente porque son de aquí. Según él, esos seres no vienen del espacio exterior, sino que llevan con nosotros desde el inicio de los tiempos. Barclay cree que unos dinosaurios inteligentes nos crearon hace millones de años (realmente parece factible que tras ciento cincuenta millones de años dominando el planeta surgiera una especie inteligente), que como dice Letonio nos rebeláramos al descubrir que comiendo del árbol del bien y del mal seríamos inmortales como ellos (es lo que nos cuenta con sorprendente detalle el Génesis), y que la guerra consiguiente de los esclavos contra sus antiguos amos dejó la tierra en tal estado que los supervivientes vagaron durante millones de años intentando sobrevivir. Esta es una de las partes que menos me gustan de su teoría, el hecho que desde esa guerra que terminó con todos los dinosaurios del planeta (la conocida en algunas culturas como la Guerra de los Cielos), no proponga el resurgir del hombre ni la formación de imperios. Demasiado tiempo para que no creara nuevas culturas (algo que de ser cierto estoy seguro hubiera ocurrido), y para que los dinosaurios supervivientes no intentaran tomar de nuevo el poder con su increíble tecnología. ¿Por qué esperar a que el hombre, cuyo arte en la guerra es incuestionable, alcanzara unos conocimientos bélicos tan peligrosos? ¿No es mejor enfrentarse a quienes habitan cuevas que a los pilotos de modernos cazas? Estas cuestiones son las que menos me convencen de su teoría, aunque quizás la tecnología que emplean sea tan avanzada que no les importe nuestro potencial bélico y esperen a retomar el poder con otros métodos que se me escapan… Porque eso es lo que afirma Barclay en su obra. Que los dinosaurios supervivientes se refugian en sus ciudades subterráneas (de las que se habla en otro enlace de esta página), esperando el momento de volver a tomar el poder sobre un planeta que consideran suyo… Aunque sus métodos puedan ser calificados sin ninguna duda de marrulleros. Las consideraciones de Barclay sobre la teoría de la evolución y su completa injustificación en el caso del hombre son realmente interesantes, pues además de las pruebas que muestra en su libro, parece que hasta el mismo Darwin y Wallace, coautor de su teoría, tenían serias dudas de que pudiera aplicarse a la especie humana. De hecho, el segundo pensaba que no podíamos ser sino obra de un ser divino. La naturaleza no da a las especies nada que no necesiten en su vida diaria, y una inteligencia tan desarrollada no parece que sea indispensable para sobrevivir. Si la teoría de la evolución propugna que desarrollamos un cerebro tan increíble para huir de los depredadores… ¿Por qué no hicieron lo mismo el resto de primates? Estos aún habitan nuestras selvas, cada vez menos por una especie que se cree dueña absoluta del planeta, y algunos, como los perezosos, son ejemplo de que no es necesario un cerebro superdesarrollado ni la agilidad del lince para subsistir. Según Barclay, algunos gobiernos saben la verdad desde hace tiempo (suena a teoría de la conspiración, aunque no me extrañaría en absoluto), y que la mantienen en secreto ante la magnitud de lo que sucedería si se hiciera público… Y cuya principal consecuencia sería la caída inmediata de las religiones y todo lo que eso traería consigo. Las relaciones de estos seres con la religión (participación en milagros como modo de control, etc), su relación con los fenómenos paranormales (telepatía, escritura automática, experiencias fuera del cuerpo…) y los conatos de hibridación que al parecer se han documentado, son tratados con mayor profundidad en el libro, aunque como reconoce David Barclay con una sinceridad que le honra no puede explicarlos en un contexto unitario. Por otro lado, Zecharia Sitchin ha buceado en las fuentes sumerias para ofrecernos una visión de la creación del Homo Sapiens realmente original (algo para lo que tampoco encuentra explicación), y que detalla profusamente en su obra el Duodécimo Planeta comparando lo escrito en algunas de esas tablillas de barro con el Antiguo Testamento. Según él, seres venidos de un lejano planeta que orbita más allá de Plutón crearon al hombre moderno mediante ingeniería genética a partir de un homínido, mezclando sus genes con los de esos “dioses”, para que les liberaran de determinados trabajos peligrosos o agotadores. Es decir, que como Barclays, piensa que fuimos creados para servirles. Sin embargo Sitchin sitúa estos acontecimientos hace 300.000 años, y su documentación basada en textos sumerios, para él la cultura madre de la que proceden todas las demás, donde se narra la historia de la tierra desde su mismo origen, es sencillamente abrumadora. Una última cosa para terminar, algo que me fascina y que es el ejemplo más claro de que los historiadores ortodoxos nos toman el pelo según su conveniencia… Y que tragamos sin exigir una explicación. Cualquier libro de prehistoria narra la evolución del hombre, desde el Homo Erectus al Neanderthal, sostiene que las excavaciones son necesarias para conocer nuestro pasado, y que como en el caso de Atapuerca (Burgos, España), una increíble fortuna ha posibilitado que veamos la continuidad de nuestra especie en el mismo lugar durante el último millón de años. ¡Qué maravilla no tener que andar de acá para allá con cedazos y espátulas! Sin embargo, cuando explican la aparición en nuestro planeta del Hombre de Cro-Magnon (un ser idéntico a nosotros), la despachan en unas pocas líneas con algo similar a lo siguiente: “Hace cuarenta mil años llegó a Europa, presumiblemente de África, una nueva especie con grandes conocimientos totalmente desarrollados que desplazó en pocos milenios a la población Neanderthal hasta extinguirla”. Sin embargo, lo que la mayoría de libros pasan por alto, según mi opinión interesadamente, es decir que esos cromagnones no estaban emparentados ni antropológica, ni, lo que es más importante, genéticamente con los que supuestamente eran sus antecesores. Llegaron de nadie sabe dónde, sin ancestros conocidos, sin saber cómo adquirieron sus conocimientos, sin saber de qué especie procedían…. Es decir, que no sabemos absolutamente nada de nosotros mismos. ¡Ni siquiera nuestro verdadero origen! Porque si no somos la evolución del Neanderthal… ¿De qué lo somos? Esa es una de las razones que llevan a algunos, entre ellos Barclay, a afirmar que el hombre, el verdadero hombre como nosotros, se encuentra en este planeta desde mucho antes de lo que quieren hacernos creer. Lo que nadie sabe es desde cuándo… Aunque quizás algunos ooparts ( objetos fuera del tiempo de los que se habla en otro enlace), demuestren que en realidad llevamos aquí millones de años… Y que han existido otras culturas tecnológicas antes de la nuestra. Algo tabú en los círculos académicos y que por eso me encanta decir a los cuatro vientos. |
El Continente Blanco donde Letonio y Silvana descubren a sus verdaderos Creadores aparece identificado con la Antártida en el apartado Lugares. Podría haber elegido cualquier zona de la tierra con un significado histórico especial, pero como el lector habrá deducido los envié allí por una razón. Este continente encierra alguno de los misterios más fascinantes de nuestro planeta, aunque su relación con las extrañas aeronaves que nos visitan desde tiempos inmemoriales empezó cuando se realizaron los primeros vuelos sobre él. Los alemanes fueron quienes organizaron la primera expedición para investigar, cartografiar y reclamar una parte de la Antártida que bautizaron con el nombre de Neuschwabenland... Y en la que descubrieron cerca del polo un lugar sin hielos y con lagos de diversos colores. Aunque se realizó en 1938, resulta incomprensible semejante derroche de recursos cuando durante la guerra siguieron enviando convoyes con todo tipo de material… Si no fuera porque la Antártida era considerada en círculos esotéricos nazis, y conocemos de sobra su influencia en el régimen nacionalsocialista, como algo primordial. Creían que bajo el hielo se escondían los restos de una civilización antediluviana destruida por algún cataclismo. Se dedicaron con ahínco a buscarla, aunque no sabemos si lo consiguieron. Lo cierto es que numerosos convoyes de submarinos alemanes surcaron medio mundo para llevar hasta allí su más avanzada tecnología, presumiblemente para construir una gigantesca base subterránea capaz de albergar a los jerarcas nazis y crear allí un imperio realmente inexpugnable. No sabemos si para mantenerlo en su poder confiaban únicamente en su tecnología para construir túneles y sus nuevas armas (aviones a reacción, naves circulares, misiles, cañones de impulsos electromagnéticos, etc), o en la ayuda que pudieran prestarles quienes supuestamente ocupaban el subsuelo de la Antártida. Lo cierto es que la convicción de los jerarcas nazis en ganar la guerra se mantuvo hasta el último momento, y a las afirmaciones de que si ésta hubiera durado sólo unos meses más lo habrían logrado, añadir que Dönitz, comandante de la marina alemana, se enorgullecía de haber construido en la Antártida una fortaleza inexpugnable a donde incluso enviaron grupos de mujeres arias entrenadas para ese fin (las ASF, Antarctisches Seidlungensfrauen). Al final de la guerra se detectaron, y en muchos casos incautado, numerosos submarinos frente a las costas sudamericanas… Pero curiosamente no viajaban en ellos ningún mandatario nazi ni se encontraban atestados de joyas y obras de arte. Estaban sobrecargados de marineros, todos jóvenes y solteros, que seguían al submarino principal hacia un lugar que sus capitanes desconocían, y que al perder su rastro por diversas causas (tormentas, averías, etc), se vieron obligados a rendirse. Muchos alegan que esto es una prueba de que en la Antártida disponían de una base secreta… Aunque también podía ser que viajaran hacia algún país sudamericano y simplemente se perdieran del resto del convoy. ¡Quién sabe! Para David Barclay los alemanes encontraron no sólo restos de esa civilización antidiluviana, sino a sus mismos ocupantes, que según él serían los dinosaurios inteligentes que nos crearon. Pero sigamos con la exploración de ese continente porque lo siguiente puede dar algunas claves de qué encontraron. El almirante Richard Evelyn Byrd, un auténtico pionero de la exploración polar, voló sobre el Polo Norte en 1926, y sobre la Antártida en 1929, 1947 y 1956. Tales hazañas ya merecerían por sí mismas que Byrd ocupara un lugar privilegiado en la historia, sin embargo lo que nos interesa es lo que en muchos casos se ocultó de esas expediciones. Lo que inquieta de sus vuelos, en ambos polos, es que durante algunos de ellos se internó miles de kilómetros en un territorio desconocido sin hielos donde vio islas cubiertas de una exuberante vegetación, lagos y un animal que el almirante identificó como un mamut. Al advertir que estaba perdido dio la vuelta, y tras una zona de turbulencias llegó a la base de la que había despegado. En ninguno de esos viajes sobrevoló los polos, y teniendo en cuenta los kilómetros que hizo a bordo de su aparato debería haberse salido de los límites de ambos continentes. Esto, unido a que algunos recuerdan haber seguido por radio sus comentarios en los que hablaba de ese extraño lugar e incluso haber visto una película que como siempre ha desaparecido, nos hace sospechar que “ese continente encantado en el cielo, tierra de perpetuo misterio” al que se refería pudiera ser un lugar situado en el interior de la tierra. Lo sé, querido lector. Incluso a mi se me hace difícil escribir esto… Pero estamos aquí para plantear hipótesis, pensar y decidir con cual nos quedamos. Como decía, Byrd hablaba de “esas tierras más allá del polo”, “la exploración más importante en la historia del mundo”, y toda una serie de extrañas afirmaciones que no tienen sentido si no se las relaciona con algo que descubrió en sus vuelos sobre los polos, que más tarde confirmó en sus expediciones de 1947 y 1956, y que el gobierno estadounidense ocultó a propósito para seguir con la farsa sobre el origen extraterrestre de los ovnis y no confesar que habitan en nuestro planeta desde hace millones de años… Y que para colmo son mucho más inteligentes que nosotros. No me parecen normales estas afirmaciones de Byrd, ni siquiera concediéndole un supuesto deseo poético. Tengo la impresión que descubrió algo realmente extraño en los polos, pero no me atrevo a más. Algunos creen que es la mejor prueba de que encontró las entradas a un mundo interior no sólo poblado de árboles y mamuts, sino de otros seres que llevan allí millones de años… Quienes viajan en los artefactos que nos visitan desde tiempo inmemorial. No puedo decir que crea al cien por cien esta historia, ni por supuesto en el diario secreto que supuestamente Byrd escribió en los últimos años de su vida, cuando estaba permanentemente custodiado por agentes del gobierno, donde narra su encuentro con unos seres que le llevan a una ciudad subterránea y su charla con un personaje que se hace llamar maestro (y que por cierto no tiene nada de lagarto, sino que es alto y rubio). Si alguien quiere leerlo no tiene más que ir a Internet y juzgar por sí mismo. Y la supuesta convergencia de alemanes y americanos se produce en 1947, cuando Byrd dirige a la Antártida una expedición teóricamente científica denominada Operación Highjump, pero que la componían más de diez mil soldados, un portaaviones, fragatas, y todo tipo de buques y aeronaves. El almirante afirmó antes de la partida, quizás un desliz, que “era una empresa esencialmente militar”, aunque como puede verse la guerra había terminado dos años antes. La vuelta se realizó sólo tres meses más tarde, cuando en la expedición se produjeron un número indeterminado de bajas. Nadie sabe qué las causó, si bien parece demostrado que se produjeron tras un combate con fuerzas hostiles. Incluso se habla que lanzaron tres misiles con carga atómica que no llegaron a su objetivo al ser detectados y neutralizados por un extraño arma. Por eso decía al inicio del párrafo “supuesta convergencia”. Para algunos, quienes les hicieron frente eran alemanes atrincherados en sus bases y con una tecnología armamentística muy superior a la americana. Otros afirman que los habitantes de ese mundo subterráneo les plantaron cara cuando intentaban adentrarse en sus dominios con una fuerza que sólo puede calificarse de invasora. Quizás fueron ambos. Nadie lo sabe… Pero lo cierto es que sobre la Antártida ocurrió algo de lo que no nos hemos enterado. Como siempre. Quien desee ampliar sus conocimientos sobre este asunto puede leer el libro de Felipe Botaya, Antártida 1947, La guerra que nunca existió. En él se narra la expedición comandada por Byrd con multitud de detalles sobre el modo en que fue preparada, los navíos, aviones, submarinos y tropas que intervinieron... Y los resultados de enfrentarse a un destacamento alemán que desde una base subterránea les hicieron frente con una tecnología impensable para los norteamericanos. Es una novela de ficción donde el autor intercala hechos que ha investigado... Pero cuyo expediente es considerado todavía a estas alturas secreto. |
Aunque en los dos enlaces anteriores se habla de la Antártida , los misterios que rodean a este continente no han terminado. Seguramente muchos lectores desconocen la existencia de mapas confeccionados entre los siglos XV y XVIII que describen con asombrosa precisión este continente descubierto oficialmente en 1818. Si esto le sorprende ahora viene lo mejor. Estos mapas representan sus costas totalmente desprovistas de hielo… Momento que la ciencia oficial ubica millones de años atrás, y que algunos, como Graham Hancock, al que luego me referiré, sitúan entre doce y quince mil años. El más famoso, y que seguramente alguno habrá visto en portadas o documentales, es el llamado de Piri Reis. En 1930 se encontraron en los sótanos del museo Topkapi, Estambul, varios mapas antiguos que describían algunas zonas del mundo (como el Mar Muerto o el Mediterráneo). Uno de ellos, pintado sobre una piel de gacela, era del año 1523 y fue atribuido a un almirante otomano llamado Piri Reis. Contenía los perfiles de las costas atlánticas de Europa, África, Sudamérica, y unas tierras desconocidas al sur de éste último. Bastantes años más tarde, Charles Hapgood se dio cuenta que en realidad era la representación de unas costas que coincidían con las del continente antártico, pero realizadas en un momento en que éste se encontraba libre de hielo… Un momento que Hapgood calculó en 6000 años. Esta cifra asombrosa nos pone ante uno de los enigmas para los que la ciencia ortodoxa no encuentra explicación, y que por tanto ha escondido en uno de sus cajones para que no sacuda el edificio de la Historia que se empeña en seguir apuntalando. Un dato curioso es que el mismo Piri Reis reconoce que él no confeccionó ese mapa, sino que copió varios más antiguos en la biblioteca de Constantinopla, incluidos algunos de época de Alejandro… Y está demostrado que en Venecia comenzaron a usar mapas mucho más detallados que los suyos tras asaltar la biblioteca de Alejandría durante la Segunda Cruzada. Lo que para mi confirma, ni más ni menos, que esos mapas tan extraordinarios eran una herencia de los antiguos egipcios. Además, las longitudes y latitudes son totalmente correctas, y debemos recordar que en el siglo dieciséis era prácticamente imposible determinarlas al no contar con los instrumentos de precisión adecuados… Algo de lo que quizás pudo beneficiarse Colón en su viaje al otro lado del Atlántico y en lo que podía basarse su absoluta confianza en encontrar tierra a un determinado número de jornadas de navegación (algunos afirman que Piri Reis obtuvo los mapas de un marinero que había acompañado a Colón y que fue apresado tras una batalla naval de las muchas en que participó el otomano, pero lo cierto es que nadie sabe cómo se hizo con ellos). Otra curiosidad que descubrió un científico de nombre Maurice Chatelain se refiere a las deformaciones en el mapa de Piri Reis, que según él son la consecuencia de que se hizo desde la vertical del el Cairo… ¡A 4300 kilómetros de altura! Sin embargo, si colocamos el mapa en una superficie redonda las irregularidades desaparecen y cada lugar se ubica correctamente. También conviene decir, para ser justos, que el mapa contiene varios errores, como la inclusión dos veces del Amazonas, aunque supongo que al copiar una costa desconocida de otro u otros más antiguos simplemente se equivocó. Otro de los mapas que describen con total precisión la Antártida es el de Oronce Finé, realizado en 1531, y en el que no sólo se ubican algunas cadenas montañosas y ríos, sino que coloca con exactitud el lugar ocupado por el polo sur. ¿Increíble, verdad? Otro mapa realmente curioso es el de Mercator, un apodo bajo el que se esconde sin duda un magnífico cartógrafo y quizás iniciado. Describió lugares que oficialmente se descubrirían siglos más tarde, como el mar de Admudsen cerca del Ártico. Digo iniciado porque Mercator visitó Egipto, y es probable que allí tuviera acceso a alguno de esos mapas antiquísimos de los que proceden todos los demás. Ya en el siglo dieciocho, Philippe Buache, no sólo dibujó la Antártida en su totalidad libre de hielos, sino que la partió en dos mitades, algo que no se descubrió hasta el año 1958. ¿Cómo es posible algo semejante? ¿Se basó quizás en mapas antiquísimos hoy perdidos o en manos de sociedades secretas? Y demonios… ¿Por qué la ciencia no dice absolutamente nada de esto si su postura oficial es que la Antártida lleva cubierta por los hielos millones de años? Todos estos datos me llevan a pensar si no existiría hace doce mil años una cultura, llámela como quiera, con un desarrollo que le permitiera alcanzar semejante logro. No se me ocurre otra solución, y el que Piri Reis confiese que utilizó mapas de la época de Alejandro no debe llevarnos a error. Es absurdo pensar que en esa época se hicieran las expediciones necesarias para confeccionarlos con semejante detalle, aunque sin duda se efectuaron algunas al otro lado del Atlántico y que incluso algunos las extienden hasta haber dado prácticamente la vuelta a la tierra… Y mucho menos que encontraran la Antártida libre de hielos, algo que recordemos sucedió por última vez hace millones de años (no me refiero a la zona costera que según Graham Hancock estuvo parcialmente al descubierto hace seis mil años, y cuyas teorías tras estudiar esos mapas plasmó en su obra Fingerprints of the Gods). Para este profesor, hace doce mil años la Antártida se encontraba dos mil kilómetros al norte, entre las costas de África y Sudamérica, pero un brusco deslizamiento de la corteza terrestre la llevó paulatinamente hasta su actual ubicación (según él no debe confundirse este movimiento con la deriva de los continentes ni con el desplazamiento de las placas tectónicas, pero me siento incapaz de profundizar en él dados mis escasos conocimientos del tema). A pesar de todo me parece aventurado atribuir semejante velocidad a una masa tan descomunal de tierra, pues si dividimos la distancia entre los años sale una auténtica barbaridad que se me hace difícil aceptar… ¡Prácticamente sus habitantes sentirían cómo la tierra se movía bajo sus pies! Según Hancock, en este desplazamiento el clima de la Antártida se fue enfriando lentamente, lo que dio la posibilidad a sus ocupantes, una civilización avanzada en todos los sentidos, de emigrar a zonas más cálidas. Las huellas dejadas por el desastre global que sufrió la tierra hace doce mil años se encuentran esparcidas por todo el planeta (ver otros enlaces de esta página relativos al diluvio), y en eso se basa Hancock para su hipótesis. Los restos de la Atlántida , o el nombre que se le quiera dar a esa civilización, estarían según Hancock bajo los hielos de la Antártida , y sus científicos, astrónomos e ingenieros, al emigrar a otras zonas del planeta ante la imposibilidad de seguir en su país, fueron quienes erigieron con bloques de cientos de toneladas los monumentos que hoy nos asombran (Tiahuanaco, las pirámides y la Esfinge , megalitos, Saysahuamán, Baalbek, etc), de una precisión geodésica y astronómica tan asombrosa que es absurdo pensar que los hombres de esa época pasaron directamente de las cavernas a erigir pirámides… Algo que por cierto es la teoría oficial. Por mi parte no me atrevo a afirmar que la Atlántida , o la cultura madre que nos legó tan asombrosos conocimientos, se encontrara en la Antártida. Y sinceramente no me sirve para confirmar algo así que los sedimentos rescatados de sus costas sean semejantes a los de África y América, flora y fauna incluida. Que hace millones de años, cuando estuviera libre de hielo por la diferente situación de los polos, se desarrollara una vegetación exuberante y todo tipo de animales corrieran por ella, es algo que no dudo. Incluso que vivieran allí seres humanos me parece correcto… A fin de cuentas hemos llegado a todos los continentes. Sin embargo, de eso a afirmar que la Atlántida estaba allí va un mundo. Desgraciadamente pronto veremos si Hancock está en lo cierto o no, porque al ritmo que se deshace dentro de pocos años surgirán de nuevo sus costas y todo lo que esconden. De todos modos estoy seguro que si algún día se descubren allí restos de una civilización, primitiva o tecnológica, se confirmará que esos hombres vivieron allí hace mucho, muchísimo tiempo. Quizás más de lo que algunos imaginan. |
El lector habrá deducido por sí mismo lo que implica de ser cierto el viaje del almirante Byrd. Que volara miles de kilómetros perdido en el corazón de ambos polos supone que penetró en el interior de la tierra, y eso es precisamente lo planteado por algunas teorías que, ciertamente, se me hacen difícilmente asumibles… Y que los razonamientos de David Barclay han logrado que vuelva a considerar. Quienes lo creen, existen infinidad de páginas en Internet donde incluso se muestran detallados mapas del planeta con las supuestas entradas, piensan que la tierra es hueca, y que en los polos existen dos enormes aberturas que llevarían a un mundo con un pequeño sol suspendido en su centro iluminando las tierras y mares que lo rodearían. Se basan en leyendas que hablan de mundos subterráneos, y que pueden rastrearse en China, Egipto o India. Según los budistas, el interior de la tierra está habitado por millones de personas en un mundo llamado genéricamente Agharta, y que en su capital, Shamballah, vive el que según ellos es el verdadero rey del planeta. Ambas partes del mundo estarían comunicadas por una serie de túneles, no sólo por los que supuestamente atraviesan los polos, y sus ciudades se encontrarían unidas por larguísimas galerías de miles de kilómetros por las que se desplazan a increíble velocidad con extraños vehículos. A uno de estos túneles me refiero en la novela, cuando Silvana se adentra en el interior de la montaña y se comprime el espacio-tiempo… Un poder que las leyendas atribuyen a muchas de estas galerías que recorren el planeta y de cuyas efectos, denominados teleportación, se habla en otro enlace. De todos modos la teoría de una tierra hueca, esa que dispone en su centro de un pequeño sol, no es precisamente mi favorita, por lo que si el lector desea profundizar en ella va a tener que entrar en Internet y buscar por sí mismo. Sin embargo, de lo que no hay duda es de la inmensa cantidad de túneles que horadan el planeta, construidos nadie sabe cuándo ni por quién, que al parecer recorren distancias asombrosas y en los que en algunos casos sí se produce ese fenómeno de comprensión del tiempo o el espacio, como prefiera. Al final me referiré a los datos aportados por David Barclay, autor de la teoría de los dinosaurios inteligentes, en donde se muestran inquietantes relatos de quienes han presenciado la evolución de las máquinas que usan los actuales usuarios de alguno de esos túneles. En los Andes se considera probado que existen numerosos túneles que lo recorren comunicando algunas de sus ciudades, Lima con Cuzco (un lugar al que parece llevaron el tesoro incaico cuando Pizarro conquistó Perú), o éstas con la selva amazónica a lo largo de cientos de kilómetros. Pizarro nunca pudo encontrarlos, y al parecer la mayoría se encuentran taponados y están debidamente camuflados para hacer imposible su localización. Algunos exploradores afirman haberse internado en ellos y descubierto inmensas salas repletas de extraños objetos, bibliotecas con libros antidiluvianos donde se narra la historia de la humanidad e incluso con los seres que custodian esos lugares. También en América del Norte se conservan leyendas de túneles que la comunicarían con Méjico (no confundir con los cenotes aunque estos midan decenas o centenares de kilómetros). También en Méjico, concretamente en Yucatán, existen infinidad de túneles que desde tiempo inmemorial se cree que conectan Sudamérica y Centroamérica, y que para sus habitantes son obra de los gigantes que vivieron en esas tierras antes de los mayas. Incluso afirman que alguno de estos túneles comunica Yucatán con Guatemala, situada a cientos de kilómetros. Esta red subterránea, que según cuentan es utilizada por unos seres humanos que viven bajo tierra, ha sido confirmada desde aviones y satélites gracias a sofisticados métodos. En las ciudades mayas más importantes se han descubierto este tipo de túneles, y varios cenotes (depósitos de agua) que se comunican con un mar situado a decenas de kilómetros (hay restos de animales marinos en su fondo). Esto ha llevado a algunos a asegurar que debían estar comunicados con la Atlántida. Una posibilidad más… En Costa Rica se encontraron galerías subterráneas que investigó J.J. Benítez, según él muy bien construidas y en las que halló inscripciones en un idioma desconocido que parece pre-caldaico (confirmación de que los hititas o sus descendientes habían llegado a las costas americanas), y unos ídolos inquietantemente similares a los egipcios… El estudio sobre los primitivos colonizadores de América es realmente apasionante, y se trata con algo más de profundidad en el enlace dedicado a Óscar Fonck. Encontramos túneles semejantes de una época pretérita de la que nada se sabe en el Himalaya, el Tíbet y Cachemira, y que al parecer conectan distintos sitios de Asia a lo largo de miles de kilómetros. El explorador Nicolás Roerich recogió numerosos testimonios en el sur de China y el Gobi sobre esos túneles, y al parecer visitó uno de ellos. Los mongoles y otros pueblos del Himalaya hablan de unos seres que aparecen súbitamente de los valles más inaccesibles o en medio del desierto, y que saldrían del reino subterráneo de Shambhala. Algunas tradiciones afirman que esos seres son los guardianes de antiguos conocimientos y que llevan allí miles de años… Y no podemos olvidar que en el desierto del Gobi se sitúa uno de los lugares donde se supone que aterrizaron seres venidos de las estrellas, y que precisamente en China se descubrieron unos sorprendentes discos supuestamente grabados de modo muy similar a los actuales que no han podido ser descifrados junto a esqueletos que no corresponden a seres genuinamente humanos. Es curioso que los emperadores chinos enviaran mensajeros para consultar a esos seres en momentos de zozobra, pero aún lo es más el que los describan como aparentemente humanos pero fisiológicamente diferentes a nosotros. ¿Qué querían decir? ¿Qué no eran realmente humanos aunque lo parecieran? En Recuerdos del futuro, Erik von Däniken relata lo sucedido cuando Lamech regresa a casa y encuentra un niño cuyos rasgos no se parecen en nada al resto de su familia. A pesar de la fidelidad que su mujer asegura haber mantenido durante su ausencia, Lamech decide consultar con su padre Matusalén y éste, teniendo en cuenta la gravedad del asunto, con Enoch. El sabio asegura que ese niño con rasgos poco humanos (semejante a un hijo del cielo de los que se aparecían en aquella época), estaba destinado a ser el guía de quienes sobrevivieran al diluvio universal que se avecinaba… Y que debía quedarse con él y darle por nombre Noé. ¿Hijos del cielo? ¿A quiénes se referían con ese nombre dando por sentado que eran reales… y que a pesar de su extraño aspecto cabía la posibilidad de que fueran compatibles genéticamente con los humanos? Preguntas y más preguntas pero ninguna respuesta. Sobre éste y otros asuntos es muy interesante el libro de Andrew Tomas, Los secretos de la Atlántida , de donde he sacado algunos de los datos anteriores. En Europa también existen estos túneles misteriosos: en Grecia comunicando las islas del Egeo, Rusia (extendidos hasta Irán o Afganistán), Suecia, Malta o España (comunicando Menorca e Ibiza, o la península con África). Se arguye en relación a este tema que sería imposible construir galerías de una longitud tan descomunal a como aseguran las leyendas, pero es de suponer que si lo hicieron debían tener los suficientes conocimientos no sólo para construirlos, sino para lograr que el aire fuera respirable. Nadie sabe quién los hizo ni por qué, y la mención a los gigantes debe ser tenida en cuenta sin considerarla, desde mi punto de vista, como la única explicación. La existencia de una raza de hombres de gran tamaño parece confirmada por los hallazgos (se habla de ello en otro enlace de esta página), y si hace miles o millones de años los animales eran considerablemente más grandes que los actuales… ¿Por qué no pudo ocurrir lo mismo con los humanos? ¿Por qué no pudieron sobrevivir en algún remoto lugar representantes de esta raza hasta tiempos históricos? Sin embargo atribuirles su construcción es, desde mi punto de vista, la manera que tuvo el “hombre normal” de explicar las obras ciclópeas que llenan el planeta. Repito que no descarto la participación de los gigantes en esas construcciones pues creo que estos seres existieron realmente, pero tengo la impresión que nuestros antepasados únicamente se apropiaron de unas construcciones descomunales que llevaban mucho, muchísimo tiempo abandonadas y les dieron la explicación más lógica: que eran obra de los gigantes. En muchos de estos túneles se asegura que el tiempo se contrae de manera inexplicable posibilitando así un viaje que de otro modo llevaría semanas. Sin embargo, quien aporta una información más exhaustiva sobre los actuales usuarios de esos túneles es, como dije anteriormente, David Barclay en su obra Aliens, The Final Answer. Para él, esos dinosaurios inteligentes construyeron una red de túneles en los que se refugiaron cuando se desencadenó la guerra contra nuestros antepasados. El mito de que en el interior de la tierra se oculta una raza diferente a la nuestra viene de lejos, y hasta los nazis, influenciados por la novela The Coming Race, de George Bulwer Lytton, buscaron en Checoslovaquia alguna de esas entradas. Al parecer no las encontraron… Lo cual no quiere decir que no existan. Antonin Horak huía durante la guerra y se internó en una caverna donde descubrió un gran cilindro excavado en la roca de veinticuatro metros de diámetro con un pozo en su centro que parecía de origen artificial. Sin embargo la experiencia más extraordinaria la protagonizó Alec Maclellan, cuando en una cueva de Yokshine descubrió una luz verde pulsátil acompañada de un zumbido que se acercaba haciendo vibrar el túnel. Maclellan huyó como haría cualquier persona sensata ante algo tan desconcertante convencido que se aproximaba una especie de transporte. Barclay se pregunta, y yo con él, por la naturaleza de ese artefacto, si llevaba mercancías o personas… Y lógicamente, de dónde venía y hacia dónde se dirigía. Para David Barclay la explicación a estos túneles es que la tierra está hueca, y se basa en ciertas anomalías ocurridas en los polos: cenizas volcánicas donde no hay volcanes, temperaturas anormalmente altas donde debería reinar un frío muy por debajo de cero, huellas de animales en áreas deshabitadas, experimentos para conocer las verdaderas medidas de la tierra con sorprendentes resultados… Y sobre todo en el relato del almirante Byrd recogido en otro enlace de esta página, cuando se adentra miles de kilómetros en un mundo que teóricamente no existe y en el que ve un pálido sol alumbrando tierras cubiertas de vegetación y extraños animales antidiluvianos. Ésta sería para él la explicación de que no hayamos encontrado las bases de donde parten esas naves que nos visitan desde tiempo inmemorial ocupadas por dinosaurios inteligentes. Si algún lector quiere profundizar en el tema debería leer el libro de Barclay, consultar las páginas que sobre Richard Evelin Byrd y la teoría de la tierra hueca se encuentran en Internet… Y luego decidir. |
Tanto en el túnel que atraviesa los Andes como durante su travesía del Atlántico, Silvana sufre lo que se denomina teleportación, es decir, el traslado de un lugar a otro mediante una alteración del espacio-tiempo que hace al sujeto recorrer grandes distancias en apenas unos segundos… A veces instantáneamente. La casuística de este fenómeno es muy abundante. En la actualidad encontramos relatos de personas que encontraron un banco de niebla mientras viajaban en su coche y que al salir de él estaban a muchos kilómetros de distancia. Sin embargo en otros casos no existe esa niebla que parece actuar como puerta interdimensional, e incluso las teleportaciones no sólo se producen en carreteras aisladas como la mayoría de la gente cree, sino también en el interior de las grandes ciudades. Seguramente ocurra con más frecuencia de la que creemos, aunque imagino que pocos se atreven a hacer pública una experiencia semejante temiendo lo que eso acarrearía. En la antigüedad ya ocurrían hechos similares, gente que desaparecía de un lugar para aparecer en otro, y que era achacado a prácticas demoníacas o a los entes que algunas culturas aseguran se entretienen raptando a la gente para dejarla en lugares distantes. Es una leyenda que trata de explicar esas misteriosas desapariciones, pero estoy seguro, como se ha demostrado en numerosas ocasiones, que encierra algo de verdad… Al menos el germen de unos sucesos incomprensibles para el hombre y que trata de explicar por la actuación de hadas, gnomos, duendes o como quiera que cada pueblo los llame. En los casos más antiguos podemos observar que la entrada en estas ventanas interdimensionales que pliegan el tiempo y el espacio iba frecuentemente acompañada de luces o explosiones (incluso con la visión de seres que arrastraban físicamente al sujeto), algo que parece haber cambiado en la actualidad donde el fenómeno es muchas veces instantáneo, silencioso, y sin que el sujeto perciba nada extraordinario aparte del comprensible shock tras una experiencia semejante. También son curiosos los casos en los que de pronto, por ejemplo en el interior de una habitación, caen piedras u otros objetos surgidos de la nada… Y el caso del soldado que montaba guardia en Manila, Filipinas, el 23 de octubre de 1593 y apareció un día después en la ciudad de Méjico es paradigmático. Muchas veces estos fenómenos de teleportación van acompañados de la presencia de ovnis, y aunque esto no significa necesariamente que las personas sean abducidas, ambos fenómenos parecen estar estrechamente relacionados (como si les gustara jugar con nosotros, ¿verdad?). En ocasiones, el vehículo de quienes sufren una de estas experiencias despega literalmente del suelo para ser llevado cerca del ovni a muchos kilómetros de distancia calentando su techo de forma considerable. Estos sucesos, junto con la existencia de ventanas dimensionales y otros temas relacionados, han sido minuciosamente estudiados por Jenny Randles en su libro Viajando en el tiempo, donde aporta numerosos testimonios de quienes afirman haber sido transportados en el tiempo o el espacio… Y donde para desgracia de David Barclay y su teoría de los dinosaurios inteligentes, los ovnis y sus ocupantes vendrían de nuestro propio futuro viajando por esas puertas dimensionales que de algún modo habrían logrado fabricar. Eso echaría también por tierra la teoría de la tierra hueca que trata de encontrar explicación a esos mundos donde algunos aseguran haber estado… Aunque por suerte para mis estimados lagartos es sólo una teoría más entre las muchas que tratan estos fenómenos. De todos modos ya sabe cuál es mi máxima: leer y decidir. Sin embargo no sólo Jenny Randles afirma que es posible viajar en el tiempo, sino que los científicos hablan de túneles en el espacio-tiempo, universos paralelos, etc. No olvidemos que Einstein demostró que el tiempo está ligado a nuestra percepción del espacio, y que la percepción del mundo depende de nuestra mente. Algo fascinante que no entiendo en absoluto, pero que implica de algún modo que quien sufre esa teleportación la está llamando inconscientemente, y que explicaría por qué le ocurre a esa persona en lugar de la que pasó por el mismo lugar segundos antes. Otros piensan, como Allen Greenfield, que la realidad no es inmutable, sino que existen otras realidades alternativas a la nuestra comunicadas por túneles o ventanas dimensionales en las que de vez en cuando se colaría alguna persona sin querer. Estas teorías son originales, aunque pienso que no son correctas. Más bien creo que esas ventanas o túneles espaciotemporales son creados y utilizados por algunos seres para sus viajes (recordemos los famosos agujeros de gusano capaces de comunicar al instante distintos lugares del universo y formulada por reputados científicos), y de paso para seguir jugando con nosotros como lo han venido haciendo a lo largo de la historia… Algo que dejaría abierta la posibilidad de que esos seres realmente fueran extraterrestres. Naturales o provocados por entes con una capacidad tecnológica muy superior a la nuestra, a nadie se le escapan las implicaciones que podría tener dominar algo así. Viajar al instante entre Londres y Tokio es el sueño de todo amante de la ciencia-ficción, y que muchos científicos consideran posible en un futuro. De lo que no estoy tan seguro es que se logre viajar en el tiempo tal como lo entendemos, es decir, trasladarnos al pasado o al futuro. Esto es algo que, aunque me apasiona, no acierto a entender. Mis conocimientos de física son extremadamente limitados, y los conceptos que manejan los científicos para lograr al menos teóricamente algo así se me escapan por completo. Sin embargo, discutir las implicaciones y cambios de realidades que eso acarrearía me resulta fascinante. Concluiré mencionando los casos en que esas puertas dimensionales no han vuelto a abrirse tras la entrada en ellas de algunas personas. Muchos de ellos desaparecieron ante los ojos de amigos, esposas e hijos, policías y jueces, que vieron cómo quien tenían a pocos metros se esfumaba de golpe (en algunos casos oyeron sus gritos de pánico sobre ellos o vieron un cerco calcinado donde habían estado sus pies). También se han dado casos de desaparición de soldados durante conflictos bélicos. En algunos casos es evidente que emboscadas y otros actos de guerra debieron abatirlos sin que luego se diera con ninguno de los cuerpos, pero en otros, como el ocurrido durante la Guerra de Sucesión española, en 1707, cuatro mil soldados desaparecieron en los Pirineos durante un traslado sin riesgo alguno. No se descubrió rastro de ellos, ni uno solo de sus enseres apareció por ninguna parte… Y eran cuatro mil hombres. Sin embargo el caso más estudiado sucedió en la Primera Guerra Mundial, cuando un grupo de 800 soldados británicos destacados en Turquía caminaban hacia sus compañeros y penetraron en una nube que descendió hasta posarse en el suelo. El pelotón fue entrando en ella para evitar un rodeo (evidentemente no temían a la bruma), pero ningún soldado salió por el otro lado. Cuando el último entró en la nube, ésta se elevó y desapareció en el cielo. Reconozco que es un tema apasionante… Y controvertido. A mi me entusiasma, y aunque ninguna de las teorías que intentan resolverlo me convence al cien por cien, el que haya ocurrido desde tiempos remotos me hace creer que no es una mera leyenda, sino que, como dije anteriormente, encierra algo de verdad… Quizás tan fascinante y a la vez tan simple como pueda ser la televisión para un chimpancé. |
Cuando Hermótilo se reúne con sus hermanos en el Gran Patio de Bherot para intentar averiguar qué les deparará el futuro, lo hace invocando el poder de la llamada Calavera del Destino. Este nombre tan sugerente no es por desgracia mío, sino que hace referencia al cráneo de cristal encontrado en 1924 por Anna Mitchell-Hedges mientras realizaba unas excavaciones con su padre en las ruinas mayas de Lubaantum, Belice. Frederick Mitchel-Hedges, un inglés obsesionado con la Atlántida que realizó numerosas expediciones por el centro y el sur de América para encontrarla, adoptó a Anne y le dio unos apellidos por los que también se conoce a esta calavera. El cráneo está tallado en un bloque de cristal de cuarzo claro (otros ejemplares son de cuarzo rosa, amatista o cuarzo ahumado), con un peso de cinco kilos y trece centímetros de altura. Lo que realmente fascina de ella es la perfección absoluta de su pulido, la ausencia total de cualquier indicio sobre las herramientas que se emplearon en su fabricación, y que la mandíbula inferior, que pertenece al mismo bloque de cuarzo que el resto, sea articulada. Esto, y el que según algunos estudios fuera pulida contra el eje natural del cuarzo, algo que tendría que haberla hecho saltar en pedazos, hace que sea un enigma que sigue fascinando a cuantos la estudian. Teóricamente ni mayas ni aztecas tenían capacidad tecnológica para fabricar un objeto semejante, de dureza siete sobre diez en la escala de Mohs, y las únicas técnicas que podían haber empleado son las siguientes: fundir la roca y vaciarla en un molde, o pulirla con diamante. Sin embargo, aunque existen algunas calaveras genuinamente mayas, no parecen haberlas desarrollado hasta el punto de obtener semejante grado de perfección… Y los indígenas que trabajaban en la excavación aseguraron que representaba a un dios de sus antepasados y que tenía tres mil seiscientos años de antigüedad. Si esto es cierto debemos reconocer que esas culturas poseían unos sorprendentes conocimientos de talla que no hemos descubierto. La otra solución, planteada por investigadores como Frank Dorland, es que innumerables generaciones de artesanos se afanaran día y noche durante al menos dos siglos para frotarla con arena hasta darle la perfección que muestra. Algo que sin ser ni remotamente un experto considero poco factible. La ausencia de un método fiable para datar el cuarzo es lo que imposibilita asignar una fecha precisa a este tipo de objetos. El único que los arqueólogos oficiales admitirían sería la confianza en quienes dirigieron la excavación que dio con ellas… Algo que Frederick Mitchell-Hedges nunca logró. Que precisamente fuera descubierta el día en que Anne cumplía diecisiete años, y que se investigue si la adquirió en una subasta para ofrecérsela como regalo, hacen dudar del auténtico origen de esta calavera... Algo que como luego veremos no le quita ni un ápice de sus supuestas facultades. Sin embargo lo que aquí nos interesa, aparte por supuesto de las denuncias de fraude que darían al traste con todas las especulaciones anteriores y que nos lleva a la inevitable conclusión de que algunas son falsas y otras no, es que se han encontrado varios cráneos que sí parecen contar con el beneplácito de los arqueólogos oficiales para ser atribuidas a la civilización maya. Varios estudios apuntan que la mayoría de ellas fueron realizadas en el siglo diecinueve, cuando los museos comenzaron a interesarse por las culturas antiguas y algunos intentaron como siempre sacar beneficio, aunque varios cráneos de los considerados auténticos presentan una hendidura en su base que posiblemente servía para fijarlo en un báculo y utilizarlo en ceremonias que se nos escapan (relacionadas sin duda con la muerte). La otra opción es que ese agujero sirviera para insertar la columna vertebral, pues se han encontrado esqueletos enteros de cristal, si bien no demasiado elaborados. Y sobre todo nos interesa lo que algunas personas especialmente sensibles afirman notar en su presencia: alucinaciones, extraños olores, imágenes en su interior… Y en general toda una serie de fenómenos paranormales de los que no me atrevo a opinar. Una de las calaveras más famosas se encuentra en el Museo Británico, y ante ella se reúnen un sinfín de amantes de lo extraño que aseguran la veracidad de lo anterior… Algo corroborado por los trabajadores del museo, que alarmados por los inexplicables fenómenos ocurridos en la sala donde se expone (luces, olores, objetos que se mueven…), lograron que se tapara durante la noche para evitar semejantes perturbaciones en el orden natural de las cosas. Si hubiera experimentado en persona alguno de ellos afirmaría categóricamente su veracidad, que como hizo Hermótilo mirando sus cuencas, vi algo asombroso o percibí una fuerza extraña que intentaba comunicarse conmigo. Como esto no es cierto, de hecho no he visto en mi vida una de estas calaveras, dejo en manos del lector creer o no a quienes afirman haberlo sentido. De todos modos, aparte de las calaveras consideradas antiguas y las dudas que aún así provocan, en los últimos años se han fabricado innumerables copias para satisfacer a los amantes de objetos con supuestas facultades paranormales. Los guardianes de las calaveras, que así se denominan quienes custodian las más antiguas, afirman que en su interior se almacenan gran cantidad de información e imágenes del pasado más remoto, que su función es ayudar a la humanidad a alcanzar una nueva edad dorada (cómo me escama esta facultad), y que son objetos vivos que se comunican con sus respectivos guardianes. Creer en esto o no es algo que dejo en manos del lector cuando, si le apetece, bucee en los innumerables artículos, libros y páginas web que hablan de tan fascinante asunto. Para terminar sólo me queda hacer referencia a otras dos calaveras. Una de ellas está en el Museo del Hombre en París, y la otra en el Smithsoniano, en Washington (dada su inexistente documentación, este museo prefiere guardarla a la espera de confirmar su autenticidad). El resto de cráneos se encuentran en manos de coleccionistas privados. Anne Mitchell-Hedges raras veces deja que la suya sea expuesta, y el resto pertenece a sanadores, escritores y amantes de lo oculto que de tanto en tanto se reúnen con los guardianes para intercambiar experiencias y para que las calaveras compartan la información que han ido adquiriendo en sus viajes a los lugares de poder donde quieren que sus dueños las lleven. Eso dicen. Por cierto. Los beneficios que teóricamente facilitan las calaveras de cristal, como curaciones o provechosos trances, no se reducen solamente a las más antiguas, sino que también las adquiridas recientemente proporcionan esos mismos favores. Sus guardianes aseguran que las modernas aprenden de sus dueños y de las antiguas a través de una especie de rejilla que las conecta. Yo que usted me animaba… ¡Quién sabe! |
La conversación de Silvana y Galuattes mientras buscan en la Torre Secreta algo relativo a anteriores cambios de Era y descubren una carpeta con dibujos de Nocleam me permitió introducir en la novela un tema que me apasiona desde niño, que ha venido observándose a lo largo de los siglos y que sigue produciéndose en la actualidad. Me refiero a los llamados Fenómenos Lunares Transitorios de los que no conocemos su origen pero que siguen apareciendo en la superficie lunar para asombro de científicos y satisfacción de quienes ven en ellos la manifestación de una presencia no humana en nuestro satélite. La luna ha sido escenario de extraños fenómenos observados por reputados científicos desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, momento donde parece que se produjo un auténtico boom de avistamientos (más de dos mil). Se detectaron objetos moviéndose en línea recta, puntos brillantes que cambian de color o se apiñan formando círculos o triángulos, extraños cohetes que parecen despegar de su superficie, emisiones de radio… Y que hicieron pensar a algunos que la luna no estaba tan muerta como se creía. Muchos de estos fenómenos pueden ser debidos a reflejos de la luz u otras causas naturales, pero creo que evidentemente no todos pueden ser explicados de ese modo… Sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de estos fenómenos se produjeron en las inmediaciones del Mare Crisium, donde J.J. O´Neil observó en 1953 algo parecido a un puente de 19 kilómetros de longitud y cuya autenticidad fue confirmada por reputados astrónomos de la época. Desde que el hombre pisara la luna por primera vez hasta que se cancelaron los viajes sólo pasaron tres años, un tiempo escaso si se tiene en cuenta los descubrimientos e incógnitas que deberían haberse intentado resolver y el dinero empleado para alcanzar nuestro satélite. Dejando a un lado las teorías que hablan de que la luna tiene mas gravedad de la que nos dicen, que posee atmósfera, que existen praderas de musgo y lagos, o que no estuvimos nunca allí, lo cierto es que, supuestamente, todas las misiones hacia nuestro satélite fueron seguidas por otras naves que evidentemente no eran nuestras (algunas con forma de disco y otras más extrañas), que vigilaron las actividades de los astronautas mientras paseaban por la superficie lunar, que éstos empleaban un código secreto y que las transmisiones con la tierra sufrían una demora premeditada de diez segundos, lo suficiente para censurar lo que no deseaban hacer público. Esto parece evidenciar que los astronautas sabían qué iban a encontrar allí, y quizás los gobiernos estadounidense y ruso deseaban confirmar sus sospechas de que en la luna se desarrollaban actividades por parte de unos seres no humanos (aunque no necesariamente extraterrestres), de los que tenían conocimiento al menos desde 1947… Cuando encontraron una de sus bases en al Antártida y fueron humillantemente rechazados (esto es lo que dicen quienes sostienen el enfrentamiento del que se habla en un enlace anterior). Hay multitud de libros sobre estos temas, sobre las conversaciones que se lograron captar antes que fueran censuradas y en las que los astronautas comentan que hay naves muy cerca de ellos junto a unos seres que les observan… Por supuesto antes que Houston les ordenara cambiar de código. ¿Por qué dar la impresión al mundo entero que aquella transmisión era en directo? ¿Había algo que ocultar? Como el lector puede imaginar, todo esto generó una gran controversia cuando el programa espacial con destino a la luna se canceló de repente, algo que, a pesar del indiscutible logro que supuso, la mayoría de la gente aceptó mansamente confiando en que sus dirigentes acertaban al considerarlas un derroche de tiempo y dinero. ¿Desde cuándo ha importado eso a los gobiernos si creen que pueden sacar algo valioso? Quizás, como afirma David Barclay, encontraron mucho más de lo que esperaban, la confirmación de que una raza no humana tiene allí una base, que en realidad la luna es suya… Y que nosotros somos incapaces de disputársela. Barclay, autor de la teoría de los dinosaurios inteligentes, afirma que esos seres son quienes se encuentran en la luna desde hace milenios, quizás millones de años… Pero que algunas informaciones filtradas por los gobiernos para engañar al resto del planeta lograron hacer creer que si existía algo allí era de origen extraterrestre, algo mucho más admisible que la presencia de unos seres terrestres pero no humanos infinitamente más avanzados e inteligentes que nosotros… Los teóricamente reyes de la creación. Para David Barclay una población genuinamente selenita hubiera sido descubierta a lo largo de los siglos, y una concentración de naves extraterrestres dispuestas para invadirnos habría sido de tal magnitud que forzosamente hubiera sido detectada. Según él sólo queda la posibilidad de los dinosaurios inteligentes que se encontraran allí o que volvieran de sus misiones espaciales cuando se inició la guerra con nuestros antepasados, aquella en la que nos revelamos contra nuestros creadores. Otra de las teorías afirma que esas bases, así como los platillos volantes, son obra de los nazis, que consiguieron durante la guerra la suficiente capacidad tecnológica para fabricar unas naves capaces de alcanzar la luna (sobre los platillos nazis y su asombroso armamento pueden verse infinidad de páginas web realmente sorprendentes que nos muestran una ciencia increíblemente avanzada para su época). Galuattes menciona la posibilidad de que esas bases sean obra de nuestros antepasados, que en un remoto pasado alcanzaran una capacidad tecnológica que les permitiera acceder no sólo a las devastadoras armas que se emplean con tanta frecuencia en el Ramayana o el Mahabarata, sino viajar al espacio… Y en la mitología hindú, no sólo en estas obras que vuelvo a recomendar, se encuentran innumerables referencias a esa posibilidad. De todos modos, y no me cansaré de repetirlo, será el lector comparando diversas teorías quien elegirá cuál prefiere… Si es que decide quedarse con alguna y no pensar que son bobadas. Lo cual es bastante probable. En la actualidad, gracias a nuevas pruebas fotográficas, se han descubierto diversas estructuras en la superficie lunar que en algunos casos parecen artificiales… Aunque en la mayoría hay que tener una imaginación desbordada (incluso mayor que la mía), para ver en ellas algo parecido a lo que algunos afirman. Hay un poco de todo, desde cúpulas, torres y cubos a insólitas estructuras flotando a varios kilómetros de la superficie. Lo mejor será que el lector las vea por sí mismo y decida. En el Ferhión de la novela, Marte en realidad, también se han encontrado formaciones con apariencia artificial. Como en el caso de la luna hay que ponerle mucha imaginación para ver en ellas lo que algunos afirman que son (a pesar de la sorprendente claridad de la mayoría de ellas). La famosa cara de Sidonia es cuestión de fe, pero las pirámides situadas muy cerca son extraordinarias, con bordes totalmente definidos y en un número que asombra. También existen formaciones con apariencia de bosques o líquenes realmente fascinantes, estructuras cuadriculadas parecidas a ciudades o una inmensa formación regular de lo que aparentan ser monolitos… Aunque ya se sabe que si a cierta altura una superficie parece totalmente lisa, al acercarnos quizás se transforme en un campo surcado de estrías. Por mi parte no asumo al cien por cien ninguna de las teorías expuestas anteriormente, aunque sí creo que en la luna se producen extraños fenómenos y que necesariamente tienen que estar provocados por alguien o algo… Pero afiliarme a la teoría nazi, extraterrestre, de antepasados hartos de sus congéneres o de los dinosaurios inteligentes se me hace muy difícil. De todos modos, insisto en que el lector debería ver las fotografías expuestas en estas páginas web aunque no crea en la existencia de antiquísimas civilizaciones fuera de nuestro planeta… Aunque no crea ni una palabra de lo que acaba de leer. Sólo por curiosidad… Le aseguro que no se sentirá decepcionado. |
Cuando Silvana discute con Imohab en la Casa de la Obra sobre la imposibilidad de que los hombres normales pudieran mover los gigantescos bloques de piedra que forman Sacsahuamán o Baalbek surge el tema de los gigantes… Y el monje deja entrever que quizás no todo lo relativo a ellos sea una leyenda. Lo cierto es que la existencia de estos seres está muy extendida en la mitología de todos los pueblos, desde los griegos (recordemos que Hercules viajó hasta el estrecho de Gibraltar para robar al gigante Gerión sus bueyes y que muchos de los supuestos mitos helenos tienen un poso de verdad como se demostró en Troya), vascos, nórdicos, germanos, aztecas (que según cuentan vivieron en armonía con una raza de gigantes hasta el enfrentamiento que los aniquiló), hindúes, chinos… Y que también aparecen en la Biblia , donde se les menciona por primera vez. En este libro sagrado, con las reservas lógicas que merece una relación de sucesos antiquísimos distorsionados por quienes los compilaron debido a sus intereses particulares, se menciona en numerosas ocasiones a los gigantes. La Biblia parece dejar claro que estos seres convivían con los humanos, que eran una raza diferente a éstos, y que al tomar por esposas a las humanas crearon una raza también de gigantes (quizás hombres extraordinariamente altos y fuertes), que constituyeron lo que conocemos como los héroes de la antigüedad. Las leyendas populares atribuyen a los gigantes los monumentos megalíticos y las fortalezas que hoy nos siguen asombrando por el tamaño descomunal de las piedras con que se erigieron. De hecho, no parece que esta identificación entre gigantes-dólmenes sea producto del azar. A la perplejidad causada por el tamaño de estos monumentos se ha unido el hecho de que muchos hallazgos de huesos y herramientas de estos supuestos gigantes se hicieran en el entorno de los menhires o dólmenes repartidos por el mundo (algunos de ellos en los Pirineos, y que por desgracia desaparecieron en los museos o en las maletas de supuestos arqueólogos). Los científicos atribuyen estas leyendas sobre seres gigantescos dotados de una fuerza descomunal al deseo de simbolizar en algo concreto el poder y la fuerza de la que carecemos. Quizás sea cierto, pues siempre intentamos conseguir en sueños o mitos aquello que nos gustaría poseer. Otros, quienes defienden las teorías más radicales, les atribuyen una existencia cierta, y suponen que son extraterrestres que nos visitaron en tiempos remotísimos y se emparentaron con los humanos como asegura la Biblia. Como puede verse hay teorías para todos los gustos. Esta última se me hace particularmente difícil de aceptar, pero el lector ya sabe qué opino sobre esto: leer y decidir. Respecto a los hallazgos que poseemos sobre estos seres gigantescos señalaré los más interesantes. En la antigua URSS se encontraron restos óseos con cincuenta mil años de antigüedad que debieron pertenecer a unos seres de 2´80- 3 metros de altura. Destacar en este hallazgo que tenían seis dedos en las extremidades, algo que ya hacían notar algunas leyendas y que Robert Charroux pone de manifiesto en su libro El Enigma de los Andes. Resaltar que en muchos yacimientos se encontraron herramientas (hachas, lanzas, espadas…), de un tamaño y peso que los hombres de estatura normal manejarían con mucha dificultad… Y que no parece lógica su fabricación. ¿Para qué hacer un hacha de seis kilos si se manejaría peor que una más pequeña? No tiene sentido salvo que midas tres metros y tengas una fuerza equivalente a esa talla. También en la India y Tíbet se han encontrado restos de hombres gigantes, fémures de noventa centímetros por ejemplo. En Marruecos hallaron los esqueletos de unos niños que medían más de dos metros (también en este país encontraron restos de hachas tan descomunales que quienes las utilizaban debían medir al menos cuatro metros), en Túnez los restos de un hombre de tres, y en Libia los huesos de jóvenes de más de dos metros. En México también existe la leyenda de los gigantes, aunque parece que allí no se han encontrado restos. Donde sí se hallaron fue en la Patagonia (recordemos que Patagón es el nombre otorgado por los primeros españoles que visitaron esas tierras a los hombres de tamaño descomunal que las habitaban), y si durante siglos se pensó que era una leyenda o exageración, se demostró verídico al descubrir en esas latitudes restos de unos seres que debieron medir entre 2´80-3´20 metros. En Filipinas se encontraron restos de un ser que debía medir al menos cinco metros, y en China calcularon que los restos correspondían a seres de tres metros y medio. Curiosamente en este último caso también tenían seis dedos en sus extremidades, y está bastante lejos de los Andes para hablar de coincidencia, ¿no cree? En España muchos de esos restos están asociados a los dólmenes (en algunas zonas se les llama tumbas de gigantes), pues han aparecido enterrados en ellos o sus inmediaciones. Se han encontrado en el País Vasco, Cataluña (donde al parecer medían tres metros, y cuyos restos nunca llegaron al museo donde supuestamente se llevaron), León, Soria, Canarias (molar de tamaño descomunal)… Esto no es más que un aperitivo de las cosas que sobre los gigantes pueden encontrarse en librerías e Internet (se pueden ver algunas fotografías, aunque ciertamente no demasiadas). Si algún lector está interesado no tiene más que usar cualquier buscador para hacerlo. Personalmente me inclino por achacar los relatos de gigantes a una humanidad que vivió hace milenios (cuando plantas y animales eran considerablemente más grandes que ahora), una raza de hombres diferente a la nuestra sólo en tamaño, pues me parece cierta su relación con las mujeres normales y la descendencia viable de unos seres extraordinariamente altos y fuertes para aquella época que se convirtieron en los héroes legendarios anteriores al diluvio… Y luego, cuando su número e influencia disminuyó y los hombres normales se hicieron con el poder, en los más perversos e inhumanos… Unos seres a los que se negó su condición de humanos y que fueron proscritos y acosados hasta el exterminio. Otra cuestión es lo que algunos afirman haber visto en la frente de estos cráneos descomunales (el que se encontró en los Pirineos tenía un clavo atravesándolo, por cierto): dos protuberancias óseas desconcertantemente similares a los cuernos que la simbología cristiana atribuye al diablo… ¿Será la causa por la que desaparecen tantos restos? ¿O simplemente he pensado en otra conspiración vaticana digna de plasmarse en una novela? |
El poblado circular donde recala Silvana tras ser rescatada por un grupo de indígenas cuando su aeronave fue derribada mientras se dirigía a Phirboria es una recreación de una ciudad perdida en la selva amazónica… Algo que según los expertos es imposible. Desde siempre se ha considerado que los indios de esa bastísima región (más de ocho millones de kilómetros cuadrados), eran recolectores-cazadores incapaces de realizar construcciones de piedra debido a las difíciles condiciones ambientales (tupidas selvas de humedad extenuante, innumerables ríos y quebradas, desiertos inhóspitos…). Sin embargo, desde principios del siglo veinte y gracias a las teorías que postulaban la llegada de atlantes a las costas brasileñas tras la destrucción de su mítica isla, se organizaron diferentes expediciones en busca de los restos que pudieran haber dejado. En la década de los cuarenta un investigador francés, Marcel F. Homet, dirigió varias expediciones en las que encontró vestigios de una cultura de la que nada se sabía. En un monolito de cien metros de largo por treinta de alto encontró centenares de inscripciones y dibujos de origen desconocido… Y que él achacó a los atlantes pelirrojos que según las leyendas dominaron hace milenios el Amazonas (que algunos personajes de la novela como Firdonio o Bluferssen, gobernador de Sacsayhuamán, sean pelirrojos no es ninguna casualidad, ni tampoco que buscando salvarse del desastre se instalen en la actual Escandinavia. El caso de Silvana, a quien se dedica la novela, es totalmente personal). Estas expediciones no hacían sino seguir las llevadas a cabo por los españoles desde que recalaron en América y escucharon la leyenda de El Dorado. Imagino que la sola posibilidad de encontrar en medio de la jungla una ciudad donde las casas tienen muros y tejados de oro es lo bastante poderosa para hacer que muchos se lanzaran en su busca… Y no conviene dejarse llevar por la conmiseración hacia los sueños de esos hombres creyéndoles unos ilusos. Tras ver el fabuloso tesoro de los incas y tener constancia de las maravillas que esconden las junglas amazónicas (piedras preciosas, oro y plata), seguramente no pensaron literalmente en paredes de oro… Pero sí en tal cantidad de riquezas que arriesgaron la vida para encontrarlas. Igual que muchos otros en época reciente. En una zona semiárida del estado de Roraima se alza un monolito de más de veinte metros de longitud por tres de altura cubierto enteramente de inscripciones en bajorrelieve totalmente diferentes a cualquier otra de América. Es la llamada piedra de Ingra. Algunos, Gabrielle D´Annunzio, comparan esas figuras con la escritura empleada por los hititas tres mil años antes de Cristo… Lo que de ser cierto situaría a ese pueblo en América. Quizás los fenicios heredaran sus cartas de navegación, y eso haría posible que algunos investigadores atribuyan a estos últimos los extraños signos encontrados en varios puntos de la costa americana (en los Estados Unidos se han encontrado infinidad de inscripciones en fenicio y cartaginés. Sobre estos hallazgos y las diferentes teorías que tratan de explicarlos es muy interesante la obra de Pierre Carnac, La historia empieza en Bimini). No deja de ser una teoría a considerar, y aunque creo demostrada la llegada de pueblos navegantes desde el otro lado del Atlántico, me inclino por el desarrollo anterior de una cultura cuyo foco principal no hemos encontrado aún… Pero cuyas huellas pueden rastrearse no sólo por América. En la región de Paraúna existen restos de edificaciones, y una muralla de quince kilómetros de extensión y unos cuatro de altura… Y sus bloques están encajados de una manera desconcertantemente similar a Cuzco o Egipto. Como el lector puede ver no es precisamente enigmas lo que faltan en Brasil… Ni conexiones con lugares situados a miles de kilómetros. Existe un manuscrito de 1754 conocido como Documento 512 en el que Francisco Raposo, virrey de Brasil, da cuenta de los hallazgos realizados en una de sus expediciones por el estado de Bahía. Afirma que en medio de la jungla existe una ciudad de piedra con monolitos repletos de inscripciones. Esto llevó a Percy Fawcett, famoso explorador inglés que recorrió Brasil en busca de El Dorado al que atribuía un origen atlante, a organizar una expedición en busca de la ciudad descrita por Raposo. Nadie sabe si lo consiguió pues, como muchas de las expediciones en las selvas amazónicas, jamás regresó… Y como suele ocurrir en estos casos muchos piensan que realmente la encontró y se quedó a vivir allí, otros especifican que lo hizo en una ciudad subterránea de las que según las leyendas horadan la sierra del Roncador (llamada así por los inexplicables ruidos que se producen en ella y donde parece ser se han producido infinidad de avistamientos de ovnis) y que constituiría una más de las ciudades subterráneas que horadan el planeta y de las que se habló en otro enlace de esta página. Aunque los más sensatos creen que simplemente fue asesinado por los indios. La fecha admitida para la llegada del hombre a América ha pasado a raíz de los últimos descubrimientos de 25000 años a prácticamente el doble, y estoy convencido que seguirá retrocediendo a medida que se sucedan los hallazgos (teóricamente entraron desde Siberia por el estrecho de Bering, aunque sin descartar en absoluto expediciones por los océanos que la circundan). A eso se añade el fascinante descubrimiento en el estado de Amapá de una construcción megalítica de 127 bloques de granito dispuestos en un círculo al estilo del famoso Stonehenge, lo que viene a demostrar que los indios amazónicos eran capaces de levantar complejos de ese calibre y no sólo dedicarse a la caza y la recolección como siempre se había afirmado. Que los bloques, algunos de tres metros de altura, hayan sido extraídos de una cantera lejana y transportados hasta su lugar definitivo por el río o arrastrándolos por la jungla confirma la existencia de una sociedad organizada para semejante empresa. El diámetro del crónlech es de treinta metros, no se distinguen inscripciones en sus caras, y uno de ellos posee un agujero (quizás para dejar pasar los rayos del sol y determinar así alguna fenómeno astronómico como solsticios o equinoccios). Creo que este descubrimiento demuestra, una vez más, que en la amazonía existieron sociedades complejas, aunque un irritante nacionalismo hace que Mariana Cabral, quien dirige la investigación de los restos, afirme que semejante saber astronómico no parece guardar relación con los de otras culturas precolombinas de América Central, Méjico o los Andes… “Y que probablemente fue un desarrollo de la astronomía paralelo” Reconozco que mi visión difusionista del pasado es quizás exagerada, pero se me hace difícil asimilar que una arqueóloga diga semejante necedad. ¿Es acaso un menoscabo para el orgullo nacional admitir que ese saber proviene de otro pueblo más avanzado? Para mí no, porque estoy convencido que hubo un tiempo hace miles de años en que esos conocimientos estaban repartidos por todo el planeta gracias a una cultura madre llamada… Póngale usted mismo nombre para que nadie me acuse de fanático atlantólogo. Como el lector ha podido comprobar, la selva amazónica ha sido objeto de exploraciones en busca de enigmáticas ciudades desde el mismo momento que los europeos llegaron a ella. Que existen pruebas de que en un pasado remoto estuvo habitada por civilizaciones capaces de erigir ciudades y murallas de piedra como las que se alzan en los Andes o Méjico parece totalmente demostrado. Me parece absurdo justificar unos conocimientos astronómicos (como los de mayas, aztecas e incas) que requerirían miles de años de observación sin un tronco común muy anterior que los explique, lo mismo que en Egipto. Brasil es un país inmenso donde muchas regiones están, incluso hoy en día, sin explorar, donde a las inhóspitas condiciones geográficas y ambientales hay que añadir el recelo de unos indígenas que no desean ver profanados sus dominios por intrusos que alegan buscar en nombre de la ciencia restos dejados por antiquísimas civilizaciones… Y que de existir, posiblemente los consideren el santuario donde reposan sus antepasados y sus dioses. Un país donde estoy convencido seguirán descubriéndose nuevos vestigios que demuestren la existencia de una civilización antidiluviana que dejó sus huellas por todo el planeta… Aunque algunos se empeñen en lo contrario e intenten convencernos para seguir manteniendo su visión de la historia que semejantes conocimientos son un producto genuino de civilizaciones que en muchos casos apenas llegan a unos pocos siglos de existencia o salieron directamente de las cavernas para levantar pirámides. |
Los objetos fuera de lugar (Out Of Places Artefacts), retan con su insólito anacronismo a quienes sostienen una visión lineal del desarrollo humano. Es decir, a los que creen imposible encontrar una hebilla de aluminio datada en el siglo tercero antes de Cristo o unas lentes de aumento en la antigua Asiria, hace cinco mil años. Para estos historiadores el hombre ha ido desarrollando unos conocimientos a lo largo de los milenios, y por lo tanto, para ellos cada civilización es más avanzada tecnológicamente que su antecesora. Otros entre los que me incluyo sostienen que en la antigüedad existieron civilizaciones con un alto grado de desarrollo, capaces de logros arquitectónicos, matemáticos, astronómicos y de otra índole asombrosos, que desaparecieron por diversas causas, entre ellas posiblemente el mítico diluvio, y que sus descendientes se vieron obligados a comenzar de cero sin olvidar por ello algunos conocimientos que nos asombran por la incongruencia que representan encontrarlos en pueblos que poco antes se hallaban en la edad de piedra. Los historiadores no consideran estos restos pruebas de que en la antigüedad existieran civilizaciones con asombrosos conocimientos, en algunos casos más precisos que los nuestros hasta no hace mucho, y los achacan a falsificaciones, dataciones erróneas, movimientos de estratos, búsqueda de notoriedad… Cualquier cosa a admitir que su edificio tiene los cimientos totalmente podridos. Por fortuna, y para regocijo de algunos, se ven obligados a admitir ciertos logros tecnológicos de nuestros antepasados cuando algún hallazgo suscita el interés de los medios o personajes famosos se interesan por ellos. Ese es el caso del llamado Reloj de Antikythera, cuando el mismísimo Jacques Cousteau entró en escena, y al que no hace mucho se consiguió dar el aspecto que probablemente debió tener… ¡Hace dos mil años! Más adelante hablaré de este reloj astronómico, un mecanismo tan complejo y sorprendente que dejó boquiabiertos incluso a los más escépticos… Aunque luego, tras el fervor del momento, haya vuelto a quedar relegado al cajón de los descubrimientos incómodos que es mejor tener bien cerrado. De algunos famosos OOPARTS se habló en enlaces anteriores, por lo que haré de ellos una breve referencia. De todos modos se contabilizan más de cuatro mil, y aunque evidentemente algunos sean falsos y otros simplemente objetos naturales con apariencia de manufacturados, queda una buena cantidad de objetos a los que nadie ha logrado dar una explicación satisfactoria… Y las únicas que existen son: objetos procedentes de visitantes extraterrestres, de viajeros del tiempo o de civilizaciones anteriores a la nuestra. El lector decidirá con cuál se queda… Si es que alguna le convence. -La pila de Bagdad. En 1936 se descubrió una vasija de barro en cuyo interior se ocultaba un cilindro de cobre que sobresalía del tapón de asfalto que la cerraba. Posteriores investigaciones confirmaron que en realidad era una pila eléctrica, y que se habían encontrado varias más. -Martillo. Encontrado en 1934, Tejas. La madera del mango estaba fosilizada, y el hierro se encontraba fundido con la roca en la que estaba incrustado. Se demostró que contenía un 96´6 de hierro, es decir, de una pureza como la conseguida actualmente en nuestras fábricas. De ser correcta la datación de la roca donde se encontraba tendría 140 millones de años. -Lentes. Antigua Asiria, en el 3000 antes de Cristo. No sólo aparecieron allí, sino que se encontraron otras en Troya, Cartago, Sudamérica… Construidas en un cristal muy puro, estaban totalmente pulidas en ambas caras, pero de manera diferente. Como si algunas de ellas no fueran empleadas únicamente de lupas, sino para corregir ciertos defectos oculares. -Aviones en Egipto y Sudamérica. Tanto en el Mueso del Cairo como el algunos museos americanos encontramos réplicas de lo que parecen sin lugar a dudas modernos aviones, con el timón de cola vertical, ¿qué pájaro lo tiene así?, con alerones de profundidad, con alas triangulares en el caso de los sudamericanos al estilo del novedoso Eurofighter, cabinas diferenciadas y similares a las de nuestros aviones… Según la teoría oficial eran juguetes, en el caso egipcio, e ídolos o pájaros en el sudamericano. -Trilobite aplastado. Existe una huella en la que algunos ven claramente el contorno de una sandalia, al parecer se aprecian incluso los surcos de cuerdas, y en cuyo talón se ve incrustado un trilobite… Esto nos llevaría ni más ni menos a 270 millones de años atrás. -Huellas del río Paluxi. Glen Rose, Texas. Se encuentran junto a otras que pertenecen inequívocamente a un dinosaurio, y aunque algunos las achacan a otro saurio, no puedo por menos de hablar de unas huellas con 100 millones de años de antigüedad… Teniendo en cuenta el anterior hallazgo. Su origen es controvertido, y en esa ciudad se encuentra el Museo de la Creación , levantado por quienes intentan refutar la Teoría de la Evolución. -Hebillas de aluminio. Se descubrió oficialmente el modo de extraerlo de la bauxita en 1827, pero se han encontrado objetos de aluminio en algunas tumbas chinas, del siglo tercero antes de Cristo. También se encontraron objetos con un altísimo porcentaje de aluminio en los Andes, Méjico… ¿Quién les enseñó una técnica que nosotros descubrimos prácticamente ayer? -Tarro de Dorchester. 1851, Massachussets. Se descubrió entre roca sedimentaria. Era un tarro de cinc y plata con forma de campana, y cuyas paredes aparecían decoradas con motivos florales. Su antigüedad se remonta a 100.000 años. -Reloj de Antikythera. 1900, isla de Antikythera. Mecanismo con ruedas dentadas, ejes, diferenciales y engranaje que servía para mostrar los movimientos del sol, la luna, predecir eclipses, meses del año, signos del zodíaco… Parece demostrado que se construyó en el año 86 antes de Cristo. Pero ¿se inventó entonces o existían con anterioridad unos conocimientos que permitieron su desarrollo? Como el lector imagina me inclino por la segunda posibilidad, aunque si hubiera sido como parece obra del famoso matemático y astrónomo Géminos no me importaría en absoluto. Únicamente sería algo más que admirar de un pueblo cuya historia y arte simplemente me fascinan. Esta es una pequeña muestra de los OOPARTS repartidos por todo el mundo, pero algunos de los más fascinantes no son tan manejables. Me refiero a los monumentos que han llegado hasta nosotros como las pirámides de Gizeh, la fortaleza de Sacsayhuamán, Baalbek, el obelisco inacabado de Assuan, las esculturas egipcias en diorita, Stonehenge… Tantas y tantas maravillas junto a unos sorprendentes conocimientos de astronomía, medicina, arquitectura y otras ciencias que se me hace impensable creer que lo lograran sin un sustrato anterior en el que basarse. Aunque puedo estar equivocado. |
Como el lector habrá adivinado, este enlace se refiere a la identidad de quienes tripulan esas naves desconocidas que sobrevuelan nuestro planeta con absoluta impunidad. Parto de una premisa que para mí es incuestionable, y es de su existencia no sólo desde 1947, año en que el fenómeno ovni comenzó su andadura popular, sino desde hace milenios, cuando nuestros antepasados los confundían con dioses o demonios, dragones o espíritus… Pero esto, como todo lo que aquí se expone, son mis creencias (nada sólidas por cierto), y que el lector deberá cotejar con las suyas hasta encontrar aquella que realmente le convenza. Sé que es difícil, a veces imposible a pesar de tener delante una pléyade de suposiciones que tratan de abarcar todos los aspectos del fenómeno. Aún así creo que merece la pena intentarlo. Quien haya leído el enlace relativo a los Dioses Lagartos habrá comprobado que la teoría de David Barclay me ha interesado sobremanera. Afirma que una raza de dinosaurios inteligentes ha pervivido a lo largo del tiempo, que el hombre es una creación suya, y que mantuvimos una guerra a muerte con ellos que ha perdurado a lo largo de la historia en numerosos textos sagrados. Sus conclusiones sobre el lugar de procedencia de esas aeronaves (bases en el interior de nuestro planeta), o el por qué son capaces de moverse sobre la tierra como si en realidad fuera su propio mundo, han resuelto algunas dudas para las que nunca tuve respuesta. Sin embargo, a pesar de convencerme en muchos aspectos, en otros (demasiado millones de años desde la supuesta guerra, ¿por qué no pudo tener lugar hace quinientos mil años?), su lentitud en volver a tomar el control de la tierra a pesar de la increíble tecnología que manejan o su turbadora relación con fenómenos paranormales (algo que Barclay reconoce valientemente que también le desconcierta), hace que no pueda dejar de pensar si entre las otras teorías, origen extraterrestre, su pertenencia a otras dimensiones o la posibilidad de que sean viajeros del futuro, pueda estar la correcta. Dejando de lado las manifestaciones naturales con que ha veces se han confundido (cuerpos astronómicos y fenómenos meteorológicos), alucinaciones o fraudes, creo que existen numerosas pruebas de que esas naves y sus ocupantes son algo real y sólido, por lo que pasaré por alto las teorías que achacan su avistamiento al poder del pensamiento o al ectoplasma “fabricado” por algunos mediums (aunque ciertamente haya sido visto e incluso fotografiado). Por lo tanto, desde mi punto de vista, sólo quedan tres opciones a considerar: humanas, no humanas pero terrestres y extraterrestres. En la primera de ellas, Humanas, se pueden encuadrar los artefactos fabricados por gobiernos u organizaciones secretas. Muchos de los prototipos de aviones que ahora nos asombran, como el F-117, seguramente fuera confundido con un ovni en sus vuelos de prueba, y estoy seguro que los gobiernos investigan nuevos prototipos cuyas características nos sorprenderán al ser conocidos, incluidos algunos de forma circular (se han realizado numerosos prototipos desde el final de la II Guerra Mundial) o triangular (como los que tanta alarma causaron en Inglaterra en la década de los noventa). Si alguien piensa que sabemos todo cuanto hacen los gobiernos para desarrollar su arsenal se equivoca por completo... Y no me estoy adhiriendo a ninguna teoría conspirativa, simplemente me parece alto tan obvio que ponerlo en duda es exageradamente ingenuo. Cuestión aparte es la posibilidad de que los nazis, como se comentó en otro enlace de esta página, hubieran logrado sacar de Alemania antes de acabar la guerra sus prototipos circulares y llevarlos a algún lugar secreto donde salvaguardarlos de los Aliados (Antártida, Sudamérica…). Algo de esto pensé cuando en los años cincuenta se produjeron varios casos en que los ovnis eran pilotados por jóvenes altos y rubios que hablaban alemán... Y tan similares a los venusinos con que aseguró contactar Adamski que quizás no sea mera casualidad (mejor desacreditar algo que de producirse masivamente dejaría en evidencia que los Estados Unidos no son la superpotencia que han hecho creer a sus ciudadanos). Si estiramos la cuerda podemos relacionar estas apariciones de “origen germano” con la expedición del almirante Byrd a la Antártida en 1947, derrotada sin paliativos por un enemigo con armamento muy superior. Y si deseamos ir algo más lejos podemos especular si los nazis recibieron ayuda de quienes vivían bajo los hielos para rechazar la invasión. Puede elegir. Sin embargo esta opción, la Humana , deja de lado los avistamientos acaecidos a lo largo de la historia. ¿O existe quizás una hermandad que desde tiempo inmemorial custodia los conocimientos legados por una humanidad que se extinguió hace milenios como aseguran algunas leyendas? La apariencia de los ovnis de acuerdo a la moda de cada época (aunque ciertamente no ocurre en todos los casos), es algo que siempre me ha llamado la atención. Si recuerdan los objetos circulares con patas de los años cincuenta y sesenta comprobarán que no se parecen en nada a los que nos visitan ahora, de formas extrañas y repletos de luces. ¿A qué se debe esta evolución? Quizás esa hermandad va un paso por delante en cuanto a tecnología que el resto de la humanidad… O simplemente pretenden que sus naves no desentonen con la época (de ahí la aparición en el siglo XIX de artefactos con forma de barco o dirigible). Dentro de esta opción, la Humana , debemos encuadrar las que abogan porque son artefactos que nos visitan desde un futuro en el que nuestros descendientes hubieran logrado de algún modo controlar el tiempo (las teorías sobre esta posibilidad son apasionantes, y hablan de un continuum espacio-tiempo cuya comprensión está fuera de mi alcance pero que ha sido estudiado por eminentes científicos de todo el mundo). Aunque el aspecto físico de esos seres (por mucho que se nos parezcan) y algunas de sus actuaciones me hacen sospechar que no es así. La segunda opción, No humanos pero terrestres, es donde se encuadraría la teoría de David Barclay (dinosaurios inteligentes), las que abogan por un origen atlante o lemuriano (que tras la guerra buscaron refugio en bases subterráneas, en los fondos marinos de donde se les ha visto salir con tanta frecuencia o en reductos de naturaleza inmaterial a nuestro ojos, de ahí sus súbitas desapariciones), y la de una raza que evolucionó antes o a la par que la humana pero cuyo progreso fue superior al nuestro. Las batallas que libraron ambas razas en el pasado más remoto serían las reflejadas con tanta minuciosidad en algunas leyendas. Esta última teoría es mía… Aunque dentro de mi cabeza siguen perdurando los mismos interrogantes de siempre. Las afirmaciones de estos seres sobre que la tierra es “realmente suya”, y de que “tienen derecho a tratarnos como lo hacen” refiriéndose a la falta de tacto con que tratan a muchos de los abducidos, me hacen pensar en esta posibilidad... Y las palabras de Charles Fort (estudioso de todo lo extraño antes que nadie se percatara siquiera de ello), “somos propiedad”, me producen escalofríos. La tercera opción, Extraterrestres, es quizás la que más adeptos tiene, y en ella encuadramos todos los lugares de los que supuestamente proceden, desde Marte, Venus, Ganímedes, otras galaxias… El método de transporte es variado, desde gigantescas naves nodriza capaces de recorrer los grandes espacios interestelares manteniendo vivos a sus ocupantes durante generaciones, naves robots, agujeros de gusano como los propuestos en la actualidad por algunos científicos… Un caso intermedio es el que plantea mundos paralelos, realidades alternativas, puertas dimensionales (tratadas en otro enlace y que podrían servir para explicar los casos de visiones de sucesos pasados o futuros), en los que no hay manera de saber si esos visitantes son terrestres o no. Creo firmemente en la existencia de vida más allá de nuestro sistema solar (incluso en él mismo), y la posibilidad de que una civilización más antigua que la nuestra haya encontrado el modo de superar las inmensas barreras que nos separan es evidentemente factible. Por lo tanto, a pesar de mi querida Teoría del Dinosaurio Inteligente, no puedo dejar totalmente de lado la posible relación de esas naves y sus ocupantes con una especie procedente de otro lugar del universo... Una posibilidad que a pesar de todas mis dudas me sigue atrayendo muchísimo. Como el lector puede ver, las dudas, preguntas y cuestiones sin respuesta son la nota dominante en este tema… E imagino que, como en mi caso, la mayoría no sabe muy bien qué pensar. Sin embargo, lo que verdaderamente importa en este momento no es descubrir de dónde vienen esos artefactos y sus ocupantes (con todo lo importante y trascendental que esto sea) y cómo lo hacen (una simple cuestión tecnológica), sino averiguar qué pretenden y por qué se comportan como lo hacen. Las teorías que buscan responder a estas cuestiones son muy variadas, y van desde su aprovisionamiento (seríamos ni más ni menos que una gran despensa de carne, hormonas o cualquier otra cosa que su organismo necesitara), una policía estelar que nos vigilaría para impedir nuestra autodestrucción mientras llega el momento de presentarnos ante el resto de civilizaciones que pueblan el universo, seres traviesos que se divierten viendo cómo somos incapaces de descubrir su verdadera naturaleza, duendes juguetones o brutales demonios que nos acosan desde que el hombre es hombre y sacan a la superficie nuestros miedos y anhelos… Creadores de mitos para examinar nuestro comportamiento y descubrir hasta dónde pueden engañarnos. Cualquier cosa que se le ocurra al lector es válida en un tema en el que no hay, ni mucho menos, consenso sobre su origen y perspectivas. Lo que está claro es que desde siempre se han aparecido a los hombres disfrazados de lo que se esperaba en cada época o en cada persona. Hadas, dioses, ángeles, demonios, dragones, vírgenes… Cualquier opción es factible, puesto que ellos se manifestarán según lo que esperemos o deseemos (la experiencia de David Barclay al respecto es desconcertantemente esclarecedora). Lo cierto es que no sabemos qué buscan, por qué engañan a sus contactados prometiéndoles un viaje al planeta donde se reúne el Parlamento Estelar, facilitándoles profecías que luego nunca se cumplen y les hunden social y emocionalmente, qué relación les une con las manifestaciones religiosas y con la misma religión (si son los dioses venidos de las estrellas que muchas culturas antiguas adoraban), por qué gustan tanto de los fenómenos paranormales (escritura automática, ouija, telepatía…), por qué secuestran humanos para sus experimentos genéticos, qué relación tienen con los poderosos y qué les han prometido, o con qué les han amenazado para que les dejen campar a sus anchas por la tierra… Por qué no se dejan ver de una vez por todas. Estas son las preguntas que debemos hacernos… Mucho más que de dónde vienen o quiénes son realmente. Sería fundamental conocer esas respuestas antes que los contactados (hay cientos de sectas relacionadas con los extraterrestres), sigan malgastando sus vidas tras un mesías ficticio que promete viajes a las estrellas como recompensa por su devoción o ser salvados del holocausto que tanto se empeñan en profetizar… Que algunos desaprensivos como Raël, amparándose en una supuesta embajada de los extraterrestres, continúe engañando a miles de personas para sacar un provecho material y sexual al que sus adeptas, por supuesto las más atractivas, están obligadas… Y cuya apelación a la libertad sexual dentro de la secta es, evidentemente, su principal reclamo. ¿Alguien cree que pretende levantar un edificio de diez millones de dólares donde recibirlos? Debo ser un completo escéptico, pero quisiera que alguien me explicara cómo es posible semejante credulidad… Que algún raëliano me detalle el mensaje de esos supuestos Elohim por si estuviese equivocado y sean realmente la luz que disipe mi alma de las tinieblas que la envuelven. ¡Por favor…! Esto es lo único que me importa. Que esos seres y quienes les secundan interesadamente dejen de manejarnos… Que ángeles y demonios nos dejen encontrar nuestro propio camino. |
Como muchos lectores habrán advertido, la Ish de Ahâ-Men-Ptah equivale a la Isis egipcia. No podía ser de otro modo, pues esta diosa es quizás la manifestación más antigua de una religiosidad cuyas raíces se hunden en la prehistoria… La divinidad creadora de todo cuanto existe, la madre que engendra vida y la mantiene. Éste es el motivo de que algunos investigadores aseguren, creo que con razón, que el primer dios era mujer. A pesar de las cualidades que atribuyo a Isis en la novela, evidentemente una concesión literaria, no podemos olvidar que desde antiguo los dioses (si admitimos que existen), se han manifestado de diferentes maneras ante los hombres, aunque generalmente elegían a personas determinadas para hacer saber su voluntad (mesías, profetas, sacerdotes), que de este modo lograban una preeminencia social tan relevante que muchas veces intervenían decisivamente en los asuntos de estado. Eran los intermediarios entre los dioses y el pueblo, y no hay que remontarse a los sacerdotes egipcios y el inmenso poder que acumulaban para advertir que algo similar ha ocurrido durante toda la historia… Y que sigue pasando. Como únicamente ellos están capacitados para interpretar los deseos de la divinidad, los demás debían obedecer sin hacer preguntas… Algo que retrasó la evolución tecnológica y propició el derroche de miles de vidas en la consecución de unos deseos que vistos con la perspectiva de los siglos se hace difícil entender… Pero que en el contexto histórico en que se produjeron eran absolutamente comprensibles. Y digo absolutamente. Dejemos una cuestión que entronca con la fe y que por tanto es imposible objetivar para centrarnos en la Diosa Madre (mi opinión, aunque sinceramente me gustaría creer en una divinidad que propiciara la inmortalidad de mi alma, ha quedado expuesta en anteriores enlaces donde considero al libre albedrío como la perversa clave que da cobijo a cuantas tropelías el hombre es capaz de imaginar). Y como siempre, que cada cual piense lo que desee. La primera manifestación de esta deidad aparece 30000 años atrás, cuando sobre piedra o hueso, nuestros antepasados esculpieron las denominadas venus. La edad que se les atribuye es ficticia, evidentemente es anterior, pero las esculturillas que han llegado hasta nosotros comienzan en este momento. Representan a mujeres maduras, con los órganos sexuales muy acentuados y que aparecen generalmente desnudas. También se las denomina Venus esteatopígicas, del griego esteato, grasa, y pigos, nalgas. No debe sorprendernos algo así, pues la delgadez que ahora nos parece tan atractiva es una visión relativamente moderna, y hasta no hace mucho la corpulencia femenina era considerada no sólo una demostración de salud, sino que constituía el canon de belleza a que toda mujer debía aspirar. En tiempos de penuria es sin embargo habitual pensar así, y hace miles de años, durante las frías épocas glaciares, lo lógico sería creer que una mujer corpulenta y con buenas reservas de grasa sería capaz de tener hijos sanos y alimentarlos sin problemas. En una época donde no se conocía la relación entre engendrar y dar a luz, estas figuras junto a los triángulos o vulvas que pintaban en sus cuevas representaban la idea de creación y regeneración de la vida, y evidentemente debía ser para ellos un hecho milagroso que confirmaba la presencia de una fuerza divina en las mujeres capaz de proporcionar vida frente a una muerte que debía acecharles con excesiva frecuencia. El culto a la diosa madre fue muy popular en la antigüedad, y aunque esa relación se estableció más tarde y lo masculino cobró preeminencia, no por ello fue abandonado. Al contrario, se diversificó para adorarla como diosa de árboles, ríos o campos, lugares de los que dependía la subsistencia de los pueblos y que por tanto merecían la protección de quien podía generar la abundancia y fertilidad necesarias para subsistir. Al llegar la agricultura fue venerada como Madre Tierra, sustentadora de animales y plantas, y cuya última ramificación llega a nuestros días: atribuir al planeta una especie de conciencia propia denominada Gaia. En la antigüedad, luego veremos que esa devoción continúa hoy en día, se adoró a otros símbolos como el toro o la serpiente, pero todos ellos representaban de una u otra manera el concepto de fertilidad (recordemos a la diosa madre de los minoicos, que con los pechos al descubierto agarra sendas culebras). Más tarde esta divinidad se transformó variando su aspecto y nombre sin perder por ello su carácter de generadora y protectora de la vida. Así encontramos una diversidad de diosas que abarcan todos los aspectos que antes se atribuían a la diosa: Afrodita, Astarté, Cibeles, Diana, Isis, Perséfone, Atenea… En tiempos más cercanos vemos que algunas religiones eliminaron esa veneración por la Diosa Madre que habían tenido todos nuestros antepasados, y mientras algunas la asimilaron al pecado excluyéndola por completo (Islám o Judaísmo), otras como el Cristianismo facilitaron su incorporación al nuevo panteón asimilándola a una Virgen cuyo carácter de madre de Dios y protectora de ciudades, campos, organismos e individuos es idéntico al de hace milenios. No puedo pasar por alto la imagen de Isis amamantando a Horus, tan similar a las representaciones de la Virgen con el Niño que asombra por las implicaciones que conllevaría el descubrir que realmente son lo mismo. La Isis egipcia, en realidad Ast o Aset, se representaba con un vestido ajustado y sosteniendo en la cabeza un trono (su signo jeroglífico que explica para algunos la especial relación que mantiene con el poder), y a veces con los cuernos de la diosa Hathor entre los que se ve el disco solar. Generalmente está de pié, aunque también se la ve en posición sedente, y en ambos casos puede aparecer con los brazos alados. También se la representa, como deidad generadora de vida que es, con la forma de ave, escorpión (quizás haciendo referencia a los siete escorpiones que formaban su guardia personal), árbol, agua (sin duda haciendo referencia al Nilo)... Era la reina de los dioses, y moraba en Sothis (Sirio), la estrella más brillante del firmamento situada en la constelación del Can Mayor (bajo Orión, que representaba a Osiris), y en base a la cual los egipcios construyeron un increíble calendario que comenzaba cuando esta estrella se hacía visible en el horizonte (por cierto, que para hacerlo debieron necesitar mucho más tiempo del que los historiadores parecen dispuestos a conceder a la civilización nilótica). Como generadora de vida era la diosa de la maternidad y del nacimiento, también de los muertos (muchas veces acompaña el espíritu de los fallecidos en el pesaje que decidirá si su alma podía acceder al olimpo). También era considerada como la Gran Maga y conocedora de todos los sortilegios (por haber devuelto a la vida el cadáver de Osiris cuando Set lo descuartizó esparciendo sus restos por toda la tierra y haber logrado engendrar a Hors). Como madre de las estrellas simboliza en cielo nocturno, y se la consideraba esposa y madre del sol desde que Osiris se convirtió en el astro rey. También es la eterna viuda desconsolada, pues aunque acompaña a los difuntos en su viaje al más allá, tiene curiosamente prohibido entrar en el olimpo para reunirse con su adorado esposo. La Ish de Ahâ-Men-Ptah que elige a Silvana como embajadora simboliza el principio generador de todo cuanto existe, la facultad de procrear que tienen las hembras, la fuerza de lo femenino que todo lo impregna… Un poder que me fascina por su capacidad de convertir a las mujeres en divinidades creadoras y me obliga a venerarlas como personificación de la fuerza que llena de vida el universo, como la enigmática Diosa Madre que adoraron mis ancestros… Como los únicos seres capaces de recorrer un paraíso que yo sólo podré admirar unos segundos... Lo siento, pero... ¡Qué envidia cuando las miro! |
El chileno de origen alemán Oscar Fonck fue un adelantado a su época, investigador independiente que buscó respuesta a las preguntas sobre el poblamiento de América que la arqueología oficial consideraba resueltas… Y que a él no le convencían. Muchas de sus teorías sobre el momento en que se pobló el continente americano y los grupos humanos que llegaron a él desde distintos puntos causaron suspicacias, cuando no absoluto rechazo, entre los arqueólogos que tenían al estrecho de Bering como único paso por el que accedió el ser humano al continente americano veinte mil años atrás. Afortunadamente el tiempo pone a cada uno en su lugar, y gracias a Oscar Fonck y a quienes cuestionaron las tesis arqueológicas oficiales, muchas de sus teorías sobre la influencia de vikingos, berberiscos, egipcios o polinesios (que llegaron a América atravesando unas distancias que siempre se habían considerado insalvables), son ahora aceptadas como posibilidades más que factibles, abriendo así un campo a la investigación sobre la antigüedad americana realmente apasionante que el chileno IIEE (Instituto de Investigación y Estudios Exhobiológicos) sigue con loable dedicación. Entre la biografía de Oscar Fonck destacan sus obras Construyamos Arcas, En busca del Homo Sapiens, y Rapa Nui, el último refugio. Como el lector puede imaginar, Construyamos arcas fue el que más llamó mi atención. En él plantea el motivo de los diluvios, algo que considera probado a través de las leyendas recogidas en todo el mundo, y la existencia en el océano Atlántico de una civilización muy desarrollada social y culturalmente cuya herencia puede verse esparcida por los cinco continentes. El brusco movimiento del eje de la tierra sería para él la causa de los diluvios (afirma que el bíblico no ha sido más que el último), de los que el hombre tarda milenios en recuperarse. Tras ellos debe empezar prácticamente de cero, y de la cultura anterior sólo conservaría algunas nociones que chocan, por su sorprendente precisión, con el primitivismo surgido del desastre. Los científicos aceptan como posible el movimiento del eje terrestre, hay infinidad de estudios sobre el asunto, y lo único que varía es el número de grados que éste puede desplazarse. Van desde unos pocos grados, 15- 20, a los que superan los noventa e incluso llegan hasta 180, es decir, una inversión total de los polos. Recordar que en la novela se explica que Morgheb, África, significa en las antiguas lenguas “tierra de poniente”, como si en algún momento del pasado hubiera estado situado al otro lado del mundo. Estas teorías del cambio del eje terrestre, aunque desconcertantes y difícilmente comprensibles, son ciertas. Es decir, la tierra puede sufrir un volteo en cuestión de horas… Con lo que eso implicaría para cualquier civilización: nuevo reparto de masas terrestres y oceánicas, erupción de volcanes, terremotos… Aparte de un cuerpo celeste lo suficientemente grandes para provocar semejante inestabilidad en nuestro planeta (meteoritos, cometas), podrían existir otras causas. Oscar Fonck afirma que las grandes cadenas montañosas tienden, por el movimiento de la tierra y la delgadez de su corteza, a situarse lo más cerca posible del ecuador. Cuando estos movimientos son excesivamente repentinos causarían los cambios de eje y el final de las glaciaciones (que para Fonck no son tales, sino la ubicación de los polos en una nueva situación tras un cambio de eje). Afirma que hace 12000 años ocurrió un diluvio causado por uno de estos cambios de eje, que eso llevó las masas de hielo hasta su posición actual y causó el final de la que conocemos como última glaciación. Sin embargo, ese cambio provocó también una serie de catástrofes que numerosas culturas de la antigüedad nos han trasmitido en forma de leyendas. En primer lugar se produciría una rápida inundación de muchas costas por la aparición de gigantescos tsunamis cuando los océanos, moldeables como sólo el agua puede serlo, fueran bruscamente empujados hacia una nueva situación geográfica. Al mismo tiempo se produciría una modificación casi instantánea del clima terrestre (en los nuevos polos causaría súbitas nevadas y en otros lugares el hielo se derretiría con asombrosa rapidez. Quizás los mamuts encontrados congelados con la comida sin digerir en sus estómagos sean una consecuencia de estos acontecimientos). Y por último un crecimiento lento pero ininterrumpido del nivel del mar, algo que sería mayor en el ecuador y que aparece en todos los mitos referidos a diluvios. Los atlantes, que supone Fonck grandes navegantes, se desperdigaron por América, Europa y África tras el desastre, y sus huellas aparecen por todo el mundo. Considera que estos hechos son cíclicos, ocurren cada 26000 años aproximadamente, y que su virulencia queda demostrada en los restos marinos esparcidos en las altas cadenas montañosas, en que Tiahuanaco posee una extensa playa marítima junto a un lago insólitamente salado… Y recordemos que se encuentra a más de 3500 metros de altura. Piensa que por ese motivo no se han encontrado restos de ninguna cultura realmente antigua por debajo de esa altitud, y que el miedo a otro diluvio hizo a los indios construir infinidad de terrazas de cultivo en lugar de bajar a los fértiles valles… Algo que sucede en otras partes del mundo. Concede más de 20000 años de antigüedad a las ruinas de Tiahuanaco, algo que no está demostrado, y que el calendario de 290 días grabado en su asombrosa Puerta del Sol puede ayudar a esclarecer. Fonck arguye que en un momento determinado esa era la duración del año, pero que un cambio en el eje de la tierra hizo variar (teniendo en cuenta la perfección alcanzada por las culturas antiguas en cuestiones astronómicas es realmente difícil asumir semejante error de percepción). Para terminar, quien desee más información de un estudio tan exhaustivo debería leer su libro, expondré algunas coincidencias mitológicas, lingüísticas y culturales descubiertas por Fonck en todo el mundo pero que centra, no podía ser de otra manera, en América. Las grecas o meandros griegos, símbolo del cielo, aparecen en todo el planeta, desde China, Méjico, Perú... Lo mismo ocurre con la svástica, o la cruz griega (que él imagina como el símbolo de los cuatro puntos cardinales). El diluvio y sus catastróficas consecuencias aparecen en los mitos nórdicos, Egipto, Grecia, India, Oriente Próximo, América… Los dragones equivalen para Fonck a las serpientes o toros alados. Eran adorados y temidos al mismo tiempo. Considera que un diluvio de fuego producido por algún cometa o cuerpo celeste fue anterior al de agua. Los nórdicos, uno de los pueblos que según Fonck formaban la Atlántida y que aparece en Ahâ-Men-Ptah como heredero de Slébedor, hablan de un Sintbrand (literalmente incendio causado por los pecados). Palabras similares a ambos lados del Atlántico (árbol, estrella, dios, fuego…). Curiosa coincidencia de la palabra sol (Raa), en Egipto, Isla de Pascua (Rapa Nui), Escandinavia… De nuevo los países nórdicos (similitudes de Thor con el dios indio Tupán, pues ambos empleaban el rayo como arma), algo que hace preguntarse a Fonck si no serían los dioses nórdicos los reyes de la Atlántida. También la coincidencia en numerosos aspectos de los dioses egipcios y nórdicos podría significar que venían del mismo lugar… Que eran supervivientes de la Atlántida. No pude sustraerme en mi novela a una teoría tan seductora, y las leyendas que hablan de Viracocha, Quetzalcoalt o Bochita, los dioses instructores que llegaron al continente americano parecen corroborarlo: hombres blancos, barbados, justos, bondadosos, inteligentes, sabios… Que adoraban al sol. Existen muchas similitudes en cuestiones religiosas, quizás debido a la propagación del sol como dios supremo por estos hombres que afirmaban proceder de un lugar al este. También se adora al arca (como símbolo sagrado y altar portátil) en India, Asiria, Egipto, Grecia, Norteamérica… Algo que achaca a su función en los diluvios. Lo mismo que levantar pirámides y enterrar bajo ellas a los gobernantes cubiertos de máscaras de oro y piedras preciosas. Un inciso. Las expediciones que llegaron a América en épocas históricas (desde el IV milenio antes de Cristo), son tratadas con abrumadora precisión por Pierre Carnac en su obra La historia empieza en Bimini. Con ellas intenta explicar, además de la presencia de una cultura antiquísima en el Caribe que se expandió por el mundo aportando sus técnicas y conocimientos, las influencias de éstas visitas en las manifestaciones culturales de ese continente (los restos encontrados que evidentemente están fuera de lugar por sus materiales o técnicas constructivas son numerosísimos). También los conocimientos astronómicos, médicos o arquitectónicos a ambos lados del Atlántico son para Oscar Fonck pruebas de que en un pasado remoto, antes del diluvio ocurrido hace once mil años, existía una civilización entre Europa y América. Se fía de los datos proporcionados por Platón (asegura que muchas leyendas se han demostrado ciertas), y su afirmación de que una vez superado el estrecho de Gibraltar se podía ir de isla en isla hasta la gran masa de tierra que denomina Atlántida, se parece a una leyenda irlandesa tremendamente interesante. Dice que hubo un momento en que el océano Atlántico no existía, y que su lugar estaba ocupado por una gran masa de tierra en la que no hacían falta botes para salvar los lagos y ríos que la surcaban. ¡Quién sabe! Los irlandeses se han sentido atraídos desde siempre por todo tipo de leyendas y mitos (de ahí el aprecio que siento por ellos), y quizás se esté refiriendo a un momento tan alejado en el tiempo que la tierra era completamente diferente a la que conocemos. Pensar que nuestro planeta es igual ahora que hace diez o veinte mil años es absurdo… Y recordemos que muchas veces las leyendas encierran un poso de verdad. Debo agradecer sinceramente a Oscar Fonck Sieveking el trabajo realizado durante tantos años, cuando nadie creía en sus teorías… Cuando a pesar del rigor que le caracterizaba se atrevió a pensar que las luces eternas que según los indios alumbran algunos templos perdidos en medio de la selva eran producto de antiguas civilizaciones que aún no hemos descubierto, cuando dejó abierta la posibilidad de que esos hombres poseyeran hace miles de años una tecnología impensable para nosotros, cuando se atrevió a plantear la posibilidad de que hace milenios existieran los gigantes que adornan tantas leyendas alrededor del mundo, que el hombre, como ser inteligente capaz de levantar imperios y adquirir fantásticos conocimientos, es muy anterior al diluvio bíblico, mucho más de lo que se empeñan en hacernos creer… En mi novela llamé Evironne al paraíso. Disfrútalo, Oscar. |