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AHÂ-MEN-PTAH Página oficial de Ahâ-Men-Ptah, por Joseph Munlo
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En esta página he intentado mostrar brevemente algunos de los misterios de la antigüedad que aparecen en El Imperio de las Islas y dar las explicaciones que se proponen para resolverlos. Pero hay muchos más repartidos por todo el mundo... no sólo en Egipto. Quien sienta curiosidad puede ampliar sus conocimientos en la multitud de libros especializados, programas de radio o televisión, y páginas web que se encuentran en Internet sobre éste asunto (más abajo verá el lector cómo en muchos temas superan de largo las cien mil). Las ideas originales llevan por supuesto el nombre de quien ha tenido la valentía de formularlas. No así el resto, pues o bien fueron expuestas por un número de personas que haría imposible hacerlo, por su antigüedad o porque considero que a muchos, entre los que me incluyo, se les ha podido ocurrir. A continuación se resumen las “palabras clave” más usuales que podrá escribir en su buscador para seguir profundizando en estos temas… Aunque estoy seguro que cada lector encontrará las variantes adecuadas para investigar sobre el enigma que más le haya intrigado.
General: enigmas antigüedad (98.700), misterios antigüedad (240.000), misterios Egipto (308.000), enigmas Egipto (135.000), ooparts (objetos fuera tiempo, 92.500). La Atlántida de Platón: Atlántida mito (117.000), Platón Atlántida (82.300), continentes desaparecidos (81.300), mitos antigüedad (350.000). La Ahâ-Men -Ptah de los griegos: ahâ-men-ptah 261), mitología Egipto (400.000). Aeronaves en la antigüedad: enigmas antiguos India (102.000), mitos hindúes (44.000), vimanas ((55.400), enigmas aeronaves (65.700). La espada de Tarcis: enigmas antigüedad (98.000), misterios antigüedad (240.000). Electricidad hace once mil años: pila eléctrica Bagdad (14.000). De pirámides, obeliscos y murallas: misterios pirámides (103.000), constructores pirámides (41.500). Sobre esculturas y vasos: Egipto vasos diorita (149). La esfinge y el diluvio: misterios esfinge (40.300), Esfinge de Gizéh (17.600), diluvio universal (217.000), enigmas diluvio (23.700). De cuerpo y mente: medicina egipcia (169.000), trepanaciones Egipto (324), misterios mente (717.000), manipulación mente (956.000), CIA experimentos (641.000), telepatía (549.000). Dos millones y medio de bloques: pirámide de Keops (71.100), constructores pirámides (41.500). |
Como habrá deducido el lector vamos a adentrarnos en uno de los grandes misterios no sólo de Egipto, sino de toda la Historia. La cifra que titula este enlace es el número de bloques que forman la Gran Pirámide , mal llamada desde mi punto de vista de Keops. Los doscientos treinta metros de cada uno de sus lados forman una superficie de cincuenta y tres mil metros cuadrados, y ese es el primero de los problemas a los que debemos hacer frente. Para que nos hagamos una idea de lo que significa baste decir que es superior la que formarían siete campos de fútbol juntos. Ese es sólo el primero de los enigmas que plantea esta construcción, pues el desnivel que presenta la base se computa en milímetros… Y según las teorías oficiales se sirvieron únicamente de cuerdas, plomadas y algún otro rudimentario nivel. Algo me dice que con semejantes instrumentos sería sencillamente imposible hacerlo, pues las dilataciones de las supuestas cuerdas impedirían una precisión semejante, y los niveles de agua no servirían de mucho en semejante superficie. Para complicar aún más el asunto debemos resaltar que en el centro del terreno donde se alza la Gran Pirámide aparece una formación rocosa que imposibilita la visión directa de los otros extremos. Intuyo que incluso hoy en día hacer algo semejante plantearía algún que otro problema a los topógrafos aunque estos emplearan teodolitos y otros instrumentos de medición. El problema de cómo lograron una base tan perfecta no está ni mucho menos resuelto a pesar de lo que digan los historiadores. Algo que tampoco ocurre con el método empleado para su construcción. Oficialmente se erigió durante el reinado de Keops, aproximadamente dos mil seiscientos años antes de cristo, y los trabajos se prolongaron durante veintitrés años. Esta cifra se me antoja, como a otros muchos, completamente absurda. Si hacemos un sencillo cálculo veremos como el resultado que arroja asegura que debieron colocar un bloque cada pocos minutos. ¿Y el transporte, pulido, izado, colocación…? La teoría sobre rampas que se ha propuesto como método para transportar los bloques hasta las distintas hiladas no me parece acertada, por lo que sigo haciéndome la anterior pregunta convencido de la imposibilidad de que se hiciera como afirma la historiografía. Un nuevo enigma nos lo plantea la perfección del recubrimiento calcáreo que la revestía, y del que por desgracia sólo podemos admirar la primera hilada. La explicación que dio el maestro en la Casa de la Obra sobre la fabricación de los bloques es una invención basada en las ideas de Davidovits sobre el reblandecimiento de las piedras, y de lo que por cierto existen pruebas que parecen confirmar su veracidad. Sin embargo no podemos obviar que al arduo trabajo de tallar los bloques y su traslado hasta el lugar correspondiente se añade la forma de éstos, pues no eran cubos perfectos, sino que uno de sus lados debía rebajarse de acuerdo al ángulo que forman las caras de la pirámide hasta alcanzar su cima de ciento cuarenta y siete metros. La superficie de estos bloques se acercaba a los tres metros cuadrados, y el contacto entre unos y otros era tan perfecto que no se puede introducir entre ellos la hoja de un cuchillo. Si el lector pensó que las palabras de Silvana eran una fantasía ahora comprueba que no es así. Además, si pensaba que las sorpresas sobre este recubrimiento habían terminado se equivoca. Para complicar aún más las cosas parece que no existe rastro de las máquinas que supuestamente emplearon para su izado, y que los unieron con yeso. Eso significa que no podían equivocarse y volver a colocarla adecuadamente. Una última cosa. La superficie de estos bloques que recubrían la Gran Pirámide era tan perfecta que actualmente cumpliría los requisitos que exigimos a nuestras mesas de cristal para considerarlas dignas de adornar nuestros salones. Si alguien puede explicarme cómo hicieron algo así con cinceles de plomo estaría encantado de oír su versión. Respecto a su perfecta orientación norte-sur los investigadores no se ponen de acuerdo. Para los historiadores ortodoxos no tiene ningún misterio. Simplemente observaron el cielo con ayuda de cañas o instrumentos semejantes hasta lograr situar con asombrosa precisión estas coordenadas. Sin embargo los llamados heterodoxos piensan que algo así es imposible con semejantes métodos, y que la medición de ángulos inferiores a un segundo de arco es imposible físicamente pues excede la capacidad humana para hacerlo. Algo que parece demostrado clínicamente, pero que ni así hace cambiar la visión clásica sobre el tema. Y una cuestión final que no es menor: ¿cuántos siglos de metódica observación harían falta para darse cuenta de algo así? Según los estudiosos varios milenios, pero la historia oficial dice que en ese tiempo los egipcios comenzaban a abandonar la prehistoria. ¿Entonces cómo lo hicieron? ¿Cómo es posible que compartan conocimientos astronómicos de semejante precisión con pueblos tan distantes en el tiempo y el espacio como mayas y aztecas? A mí sólo se me ocurre una respuesta. Los números Pi y Fi empleados en la construcción de la Gran Pirámide son explicados en El Imperio de las Islas, por lo que no los repetiré aquí. Solo comentar que según la historia oficial en aquel tiempo apenas tenían unas nociones matemáticas que califican de elementales, a todo punto impensable que les sirvieran para averiguar esos números y mucho menos para llevarlos a una construcción de semejante tamaño. Para terminar, aunque espero que los lectores más curiosos sigan investigando por su cuenta, hay que hacer una referencia inexcusable a las ocho caras de esta pirámide y sobre la que se hacen numerosas referencias en la novela. En los equinoccios y solsticios de primavera y verano se percibe que las caras norte y sur están formadas en realidad por dos, que se cortan en un ángulo de veintisiete segundos de arco y que permiten determinar los equinoccios y solsticios con absoluta precisión. La falta del recubrimiento calcáreo impide verlo en la actualidad, aunque desde las alturas sigue siendo visible. Por lo tanto la pirámide original debió tener ocho caras, el más difícil todavía en algo de un tamaño y precisión tales que nunca se volvió a intentar, algo que no hace sino añadir un problema más a los muchos que se han expuesto en este enlace. Si con lo dicho todavía piensa que efectivamente fue levantada por quienes aseguran los historiadores, enhorabuena. Yo sigo buscando explicación a algo que por ahora me parece un misterio. No aseguro nada ni acepto al cien por cien ninguna de las teorías llamadas “heterodoxas”. ¿Por qué las más antiguas son las que alcanzaron mayor perfección? ¿Por qué nunca más después se les ocurrió levantar semejantes moles? Quizás la respuesta sea la más obvia. Porque sabían que les sería imposible hacerlo. Que sean restos de una cultura anterior, de los propios egipcios o de los visitantes de Sirio es algo que dejo al lector. Yo me quedo con la primera. |
Cuando Silvana visita la Casa de la Vida , el maestro la pone al tanto de las intervenciones quirúrgicas que practicaban los cirujanos de Bherot. Evidentemente es una recreación, pero mi intención al imaginar algo así es sin embargo otra. Ni más ni menos que poner ante el lector algunas de las pruebas que nos hablan de una medicina altamente desarrollada varios milenios antes de nuestra era. A diferencia de otros apartados de esta página, la curación del cuerpo no entraña desde mi punto de vista elementos extraordinarios que azucen nuestra imaginación para intentar descubrir en ellos la intervención de civilizaciones ajenas a la egipcia. Los médicos de aquella época eran indudablemente precisos en sus diagnósticos y concienzudos a la hora de poner en práctica las técnicas de curación. Se han descubierto infinidad de herramientas que demuestran su alto grado de preparación a la hora de extirpar tumores, sacar muelas o abrir el pecho o el estómago. Asimismo empleaban, como todas las culturas, infinidad de plantas y sustancias minerales para preparar las pócimas o emplastes que usaban en sus curaciones. Lo más extraordinario que aprecio, como otros muchos, son las intervenciones que practicaban en los cerebros, llamadas trepanaciones. Muchos creen ver en ello algo extraordinario que demostraría la conexión de este pueblo con otras culturas del planeta que también la practican. Para mí, sin embargo esta prueba no es tal. A diferencia de otras pruebas o teorías expuestas en esta página que sí creo que lo demuestran, las intervenciones en el cerebro me parecen algo que cualquier cultura ha podido realizar por sí misma sin influencia exterior. ¿No dan muchos pueblos especial importancia al corazón o la cabeza como lugares donde habita el alma, el yo del individuo? ¿No ven en ellos los órganos más importantes del nuestro cuerpo? Repito que no me parece digno considerar estas intervenciones ni conocimientos pruebas de algo extraordinario, pero, como en el resto de las ideas expuestas en esta página, deberá ser el lector quien decida. Sobre el Heb-Sed a que se somete el emperador Ráltemar Manuk para recuperar la vitalidad perdida he de decir que efectivamente existió… Aunque no como se relata en la novela. Desde las dinastías más antiguas, allá por el tres mil antes de Cristo, se conoce esta ceremonia en la que el faraón superaba una serie de pruebas para demostrar que todavía se encontraba en condiciones de seguir gobernando Egipto y que los dioses le bendecían desde el firmamento. Se han encontrado algunos jeroglíficos en los que se explica cómo eran algunas partes de esa ceremonia básicamente mágica, pero la ausencia de textos que la describan con verdadero detalle hace que continúe siendo un enigma. Junto a la pirámide escalonada de Sakkara se ha descubierto el patio donde se celebraba este ritual, y las estancias de cada uno de los reyes de Ahâ-Men-Ptah que aparecen en la novela no son sino la recreación literaria de las capillas que reconstruyó el arqueólogo francés Lauer. La carrera del emperador alrededor de tres mojones se celebraba realmente, si bien los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre su sentido. Para algunos representaban las fronteras de Egipto, para otros el caos primitivo de la creación… La segunda de las Pruebas de Juventud, que así se llamaban, está inspirada en una representación en la que aparece un toro junto a un poste y unas maromas. La idea de qué era lo que se esperaba del faraón me parece obvia, si bien ha sido recreada para lograr mayor emoción. La última de las pruebas es sólo una invención, aunque teniendo en cuenta la importancia que todos los pueblos antiguos daban a la virilidad del gobernante me pareció apropiada incluirla. Sobre el recorrido de Ráltemar Manuk por el interior de las pirámides, sus sueños inducidos por los integrantes de la Tríada y los sorprendentes resultados que sufren su cuerpo y mente, el lector decidirá si algo así es posible. Me he basado en los experimentos realizados con pirámides a escala de la de Keops, y que parecen demostrar que esa forma altera de algún modo los objetos que se ponen en su interior. Los ensayos efectuados con plantas, soluciones químicas y “cuchillas de afeitar” así lo corroboran. Las pruebas con coloides de Giorgio Picardi demostraron que si estos eran situados bajo una pirámide se mantenían en suspensión cinco veces más, y en Argentina experimentaron con varias enzimas y comprobaron que sus rendimientos aumentaban de forma espectacular. La forma piramidal de cincuenta grados y cincuenta minutos de inclinación parece poseer sorprendentes propiedades, pero el que los egipcios lo supieran o fuera sólo una coincidencia lo dejo a juicio del lector. Por mi parte, que considero esas figuras muy anteriores a las culturas nilóticos, la respuesta habría que buscarla en los sorprendentes conocimientos de esos supervivientes que quedaron repartidos por el mundo tras el desastre. En mi opinión la palabra coincidencia no existe en Historia. Moda o no, verdad o farsa, lo cierto es que existen empresas que venden pirámides de diversos tamaños y materiales para que quien lo desee pueda incluso dormir en su interior. Sus direcciones pueden encontrarse en Internet, por si algún lector se anima… Sin embargo, aunque esto pueda ser cierto, y creo que lo es, los resultados sobre la mente del emperador Ráltemar Manuk son totalmente inventados. En el numeroso material disponible sobre el poder de las pirámides, hay artículos, videos y varios libros, no se menciona en ninguno de ellos la certeza de que esto sea posible. Se refieren vagamente a personas que tras permanecer un tiempo bajo ellas se encontraban “anímicamente mejor”. Como estará pensando el lector algo así puede conseguirse también observando el azul del mar, un valle escondido entre montañas, una escultura de Miguel Ángel o los ojos de la persona amada. Y estoy de acuerdo. Por lo tanto, respecto a la segunda parte del título no es mucho lo que puedo aportar. Los poderes mentales que exhiben Sombras y psíquicos en El Imperio de las Islas son una invención, aunque algunos experimentos parecen indicar que nuestro cerebro es capaz de desarrollar insólitas habilidades para las que la ciencia no tiene por ahora explicación. Siempre me sorprendió la afirmación de que empleamos sólo el diez por ciento de las capacidades de nuestro cerebro… Porque quienes sostienen esta tesis parece que únicamente se refieren a capacidades intelectuales. Quizás sea cierto pero, ¿por qué no pueden referirse a otro tipo de habilidad? Abundan los experimentos sobre telequinesia, o mover objetos con la única ayuda de la mente. Algunos se realizaron en condiciones científicas irreprochables, pero no parece que este camino haya dado nuevos frutos. Otros experimentos afirman que la mente no sólo es capaz de mover objetos, sino que puede influir en el ánimo de otras personas e incluso en el tiempo atmosférico, algo que no creo que se haya demostrado convincentemente. Quizás sea yo quien esté equivocado, o puede que no tengamos los maestros adecuados que despierten esa parte de nuestra mente que permanece dormida. En Ahâ-Men-Ptah ninguno de los psíquicos tiene este poder, aunque sin embargo sí emplean la telepatía. Es realmente la base de su existencia junto con la capacidad de influir en la mente de otros. Estudiosos como Julian Jaynes alegan que hace miles de años, cuando nuestro cerebro no se guiaba por números y conceptos precisos para definir las cosas, usábamos más la parte derecha del cerebro, la que se emplea para percibir dibujos, imágenes, etc. Sin embargo los números, letras, etc, las percibe el lado izquierdo. Es posible que la forma de entender el mundo que nos rodea haya cambiado nuestros hábitos mentales hasta el extremo que ahora algunas facultades psíquicas empleadas por nuestros antepasados han desaparecido. Es solo una posibilidad. Los experimentos sobre telepatía son muy abundantes, y probablemente muchos servicios secretos continúen en ello. De todos modos me parecen más interesante las conexiones entre individuos emocionalmente muy cercanos, y que gemelos o personas conectadas mentalmente entre sí sientan lo mismo a miles de kilómetros me parece la mejor prueba de que algo sutil y por ahora indetectable une las mentes hasta ese punto. La corazonada que nos invade mientras paseamos o estamos en el trabajo de que algo grave le ha ocurrido a un ser querido es algo que siempre me ha intrigado. Los estudios sobre este tema no dejan lugar a dudas, y seguro que todos conocemos a alguien a quien le ha pasado algo así. Quizás hasta el propio lector sea uno de ellos y de vez en cuando reviva la desazón que sintió cuando supo que algo grave había ocurrido… Cuando aún se pregunta desconcertado si su cerebro es capaz de hacer algo más que sumar dos y dos. |
La que desde mi punto de vista es la escultura más antigua de la tierra se halla junto a las pirámides de Gizéh. El lector pensará que me estoy precipitando, que quizás sea una de las más grandes realizadas en la antigüedad, pero que existen otras no tan grandes de dinastías anteriores a la de Kefrén que invalidan mi hipótesis. Sin embargo, las evidencias de que es así, de que no se realizó en el momento que los historiadores nos dicen, me parecen lo suficientemente sólidas para insistir en ello. Profundicemos en ellas y el lector decidirá cual le convence más. La Historia nos dice que esta figura fue esculpida durante el reinado del faraón Kefrén, aproximadamente dos mil años quinientos años antes de Cristo. Parte de su nombre se encuentra en la estela encontrada entre sus garras, donde se describe el sueño de Tutmosis IV acaecido un milenio más tarde: la esfinge le alzaría al trono de Egipto si la desenterraba de la arena. Esto, que curiosamente muestra la falta de cuidados que recibía, y unas esculturas de Kefrén con forma de esfinge encontradas muy cerca son las pruebas que los historiadores consideran irrefutables para asignarle su autoría. Hasta no hace muchos años ésta era la teoría oficial aceptada por todos, pero John Anthony West la hizo saltar por los aires cuando en 1991 publicó sus investigaciones. Estudiando las huellas de erosión que presenta la esfinge, llegó a la concusión que éstas no habían sido producidas por la arena del desierto como hasta entonces se creía, sino por el agua. Los estudios geológicos y físicos que emprendió con Dobecky y Schoch demostraron que el agua había cubierto esa zona de Egipto al final de la última glaciación hace unos doce mil años, y que evidentemente, la figura ya debía encontrarse allí. El famoso Diluvio del que guardan memoria numerosas culturas repartidas por toda la tierra volvía ha resurgir, y por si esto fuera poco, algunos historiadores afirman que en alguna de las pirámides era visible la marca dejada por las aguas que anegaron esa parte de la tierra durante varios siglos. Existen otras pistas que avalan todavía más la hipótesis planteada por quienes creen que ni las pirámides de Gizéh ni la efigie fueron construidas por quienes nos dicen los historiadores. Las pruebas de que por ejemplo Keops no construyó la pirámide que se le atribuye son numerosas, como los textos que hacen mención a que recibía en su base a los embajadores de otros reinos, y algunos otros que dan a entender que ya estaba erigida cuando accedió al poder. En contra, las que usan los historiadores son también muy escasas: las citas de Herodoto están realizadas muchos siglos después de la teórica construcción, y el nombre del faraón Keops descubierto en las cámaras de descarga de la Cámara del Rey que parece a todas luces un fraude (escrita en caracteres hieráticos en lugar de jeroglíficos como los que se usaban en la época de Keops). Pero sigamos con la esfinge. El mismo West patrocinó un estudio anatómico para comprobar si el rostro de la figura era o no el de Kefrén, pues de éste poseemos modelos con los que poder compararlo. Los resultados demostraron claramente que no era así, por lo que deberemos esperar nuevas investigaciones para descubrir qué faraón se apropió de ella. Esto, y las aportaciones de Bauval y Hancock en su libro Guardián del Génesis, no hicieron más que avalar la hipótesis de que esta figura es muy anterior a la época en que supuestamente se realizó. La primera es algo en lo que cualquier estudiante de arte seguramente ya había pensado. Me refiero a la evidente desproporción entre la cabeza de la esfinge y el resto del cuerpo. Aunque algunos historiadores aducen que aún no se habían establecido las medidas correctas de proporción, algo que podemos admitir hasta cierto punto, el desequilibrio de la figura es tan evidente que me parece menospreciar hasta el ridículo la maestría de sus constructores. Además existen numerosas esfinges de varios faraones que sí muestran unas proporciones correctas. Ante esto, ¿puede alguien pensar que semejante error fuera cometido por los artesanos egipcios? ¿Los mismos que hicieron la inigualable estatua del propio Kefrén en diorita? Yo sinceramente no, aunque para ser honestos bien podía haber ocurrido que sucesivos faraones tallaran su rostro sobre el anterior haciendo que la cabeza fuera cada vez más pequeña hasta que ésta quedó como la vemos ahora. La segunda aportación está relacionada con los hallazgos de West: la cabeza es la única parte de la esfinge que no presenta huellas de erosión producida por el agua, lo que parece evidenciar que fueron realizadas en diferente época. Quizás, como afirman estos investigadores, la figura se ejecutó antes de finalizar la última Era Glaciar, y la cabeza original fuera modificada por sucesivos faraones para su beneficio personal. Además, Bauval, en su libro El Misterio de Orión, al identificar las pirámides de Gizéh con las tres estrellas que forman el cinturón de Orión y considerar que el Nilo representa la Vía Láctea , concluye que el momento en que el cielo quedó perfectamente reflejado en la tierra no fue en el dos mil quinientos antes de Cristo como dicen los historiadores… Si no ocho mil años antes. Cifras de vértigo que cuesta aceptar, pero que no se pueden dejar de lado. La historia que Letonio cuenta a Silvana a su llegada a Bherot es una invención, pero lo cierto es que las leyendas sobre la formación de Egipto aluden a que hace miles de años quienes escaparon a la destrucción de Ahâ-Men-Ptah llegaron a esas tierras y formaron la civilización del Nilo. Que un desastre de incalculable magnitud asoló la tierra anegándola por completo durante decenas de años si no siglos, algo que la hizo temblar hasta el punto de hacer variar su ecuador, algo que oscureció el cielo convirtiendo el día en una interminable penumbra… Algo que arrasó nuestro planeta con tal furia que muy pocos se salvaron. Quizás quienes sobrevivieron al desastre eligieron Egipto porque era el lugar más parecido al que acababan de perder. Considerando como cierta esa parte de la historia es algo que me parece bastante obvio. Si los seguidores de Horus llegaron a las costas occidentales de África, ¿por qué recorrer miles de kilómetros hasta el valle del Nilo si con toda seguridad existían más cerca lugares propicios para asentarse y formar de nuevo su anhelado imperio? ¿Por qué a pesar del pánico que debían sentir a los lugares cercanos al mar eligieron uno con tan poca altitud? Con todo lo dicho espero haber despertado la curiosidad del lector y excitado su curiosidad hasta el punto de que si no ha encontrado una explicación que el convenza investigue hasta dar con ella. Por mi parte creo que ese fue el motivo de que refundaran su imperio en Egipto. Que esas construcciones ya se encontraban allí y las conocían… Y que por eso lo llamaron Segundo Corazón de Ptah.
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Recordar aquí el asombro de Silvana al descubrir en Bherot esculturas con un altísimo grado de detalle puede sorprender a más de un lector, que se preguntará qué misterio tiene conseguir algo semejante y lo achacará sencillamente a la pericia de aquellos artistas. Si me estuviera refiriendo a obras realizadas en piedras relativamente blandas como la caliza estaría de acuerdo con su escepticismo… A fin de cuentas no todo van a ser misterios en Egipto. Pero si contemplamos algunas esculturas, de las cuales la más representativa es la del faraón Kefrén, veremos que la perfección de la que se asombraba la princesa se debe al tipo de roca en que está realizada. Es de diorita, un material solo un punto por debajo del diamante en la escala de Mohs. Y según las teorías históricas, esas esculturas de granito, esquisto o diorita fueron realizadas empleando como única herramienta cinceles de cobre, un dato que seguramente despertará la curiosidad de los más escépticos y les animará a seguir leyendo. La historiografía convencional permanece, como en los demás temas relacionados con Egipto, inamovible. Afirma que esas esculturas fueron realizadas con cinceles de cobre, aunque imagino que dejarán la puerta abierta a la posibilidad que consiguieran endurecerlo de alguna manera desconocida hasta darle la consistencia del hierro, material que en el momento de realizarse esas obras no se conocía. Los experimentos realizados para demostrar la anterior afirmación han resultado un desastre, y aunque se consiguió desbastar a duras penas la roca, en la posterior tarea de cincelar y pulir los resultados se alejaron tanto de la muestra que no merecía la pena intentar compararlos. A pesar de todo es absolutamente cierto que muchos jeroglíficos representan a los artistas esculpiendo esas figuras con cinceles, pero si son de cobre o no es otra cuestión. No debemos olvidar que los detalles en estas esculturas de diorita y otras piedras de dureza similar son tan minuciosos que es a todo punto imposible hacerlas con una punta de cobre. Si algún lector lo consigue seré el primero en felicitarle y disculparme desde esta misma página. Ahora que hemos visto la teoría oficial repasemos esas otras teorías que intentan explicar cómo lo hicieron para elegir la que nos parezca más verosímil. La primera de ellas tiene que ver con lo expuesto en el enlace De pirámides, obeliscos y murallas. Me refiero al reblandecimiento de la piedra expuesto por Davidovits según el cual gracias a una fórmula secreta era posible licuar la roca hasta conseguir algo similar a una pasta que podía transportarse con facilidad y luego volver a solidificarla en el lugar deseado. El que no consiguiera éste último paso no invalida sus experimentos. Es de suponer que ablandarían la piedra escogida, supuestamente las más duras pues con las otras no tendrían problema, para moldearla antes que volviera a endurecerse. Quizás no la licuaran por completo, sino que ablandaban únicamente la capa más superficial, aquella en la que estaban trabajando en ese momento buscando el pulido que nos admira y los detalles como ojos, boca, ropaje… Es solo una suposición. La otra teoría que intenta explicar cómo lo hicieron parece más racional… Pero solo lo parece. Si según las pinturas de algunas tumbas empleaban cinceles para esculpir esas rocas y parece evidente que no podían ser de cobre… Busquemos ese material. ¿Sencillo? En absoluto. A pesar que algunas leyendas hablan de materiales de dureza superior a 10, recordemos que ésta es la más alta en la escala de Mohs y corresponde al diamante, no se ha encontrado semejante maravilla. Parece que no existe en nuestro planeta. ¿Y fuera de él?, se preguntará el lector. No me atrevo a responder, y aunque por ahora no se ha encontrado nada similar, el universo es demasiado grande para negar esa posibilidad en redondo. Dejemos esa teoría para el final y sigamos con ese desconocido material que pudieron emplear los antiguos egipcios. Los mitos hablan de un material, el shamir, empleado por Salomón en la construcción de su templo. Se cuenta de él que podía cortar cualquier material por duro que fuera, diamantes incluidos. Es el shamirespo del que se habla en El Imperio de las Islas. A día de hoy no se ha encontrado ni rastro de ese extraordinario material, y respecto a la teoría de que podía haber sido traído por viajeros del espacio… Dejo que sea el propio lector quien decida.
Sobre los recipientes de boca estrecha fabricados en piedras tan duras como la diorita y el esquisto, los problemas y las soluciones son muy similares a lo expuesto anteriormente. La dificultad estriba en qué tipo de aparato emplearon para hacerlo. Los dibujos que nos han llegado muestran a un artesano manejando una especie de rudimentario torno que se hacía girar sobre la boca de la vasija para vaciar su interior. Cuando Emery intentó reproducir ese artilugio para comprobar su operatividad se encontró con dos problemas. En primer lugar la broca, que teóricamente estaba hecha de cobre, era absolutamente incapaz de producir ejemplares con la calidad de los antiguos. Y segundo. Si esto ocurrió en las vasijas de boca ancha que a pesar de todas las dificultades pudo realizar, en los que la boca y cuello eran muy estrechos antes de abrirse en una panza resultaba a todo punto imposible introducir por ellos la broca. Por no hablar de que si lo hubieran logrado tendrían que haber ido modificando su diámetro para vaciar el interior. Parece que intentar hacerlo siguiendo el método tradicional quedó en punto muerto. Las otras teorías para explicar cómo lo hacían son: el reblandecimiento de las piedras de Davidovits, la que supone que construían esas vasijas en dos mitades, ambas por cierto sin ninguna prueba que lo demuestre, y la de José Álvarez López. Este último piensa que debían manejar tornos movidos por electricidad cuyas puntas poseían, visto el adelanto que lograban por vuelta sobre las piedras más resistentes, una dureza superior a la del diamante. El lector atento se habrá percatado que lo propuesto por Álvarez López es algo muy similar al taladro que emplea Silvana en la obtención de su vasija, pero si cree que es la que comparto al cien por cien se equivoca. Me encuentro tan desconcertado como imagino lo están cuantos se adentran en este tipo de enigmas, y como todos, intento buscar la que considero más factible. Algo que por cierto es bastante difícil. |
La forma en que los antiguos habitantes de Egipto consiguieron levantar estas construcciones ha sido desde hace años uno de los temas preferidos de los investigadores que no se conforman con la versión oficial de que sus bloques fueron transportados desde las canteras en barcos y luego acercados hasta su lugar definitivo mediante trineos de madera, grúas o cualquier otro sistema todavía no descubierto. La ingente cantidad de piedra necesaria para levantar las pirámides mayores de Gizéh y el tiempo absurdamente breve en que teóricamente fueron erigidas nos hace pensar que quizás no se emplearon los métodos que la historiografía se empeña en hacernos creer… Incluso que quizás ni se levantaron en el momento que los libros afirman. La mayoría de los bloques que forman la pirámide de Keops pesan unas dos toneladas, un peso relativamente modesto y, efectivamente, susceptible de ser transportado por una cuadrilla de obreros. El número de tales bloques y la distancia al suelo que debían superar son otros problemas, aunque dado su peso bien pudieron hacerlo con alguno de los modelos de grúa que los especialistas han diseñado y puesto en práctica. Sin embargo, cuando observamos cómo en su interior descansan perfectamente apilados unos contra otros descomunales bloques de cientos de toneladas la cuestión se complica. Las piedras que flanquean la Gran Galería o los que cubren la Cámara del Rey no son tan fáciles de transportar como los bloques a que antes me refería. ¿Cómo lo hicieron entonces? La explicación tradicional sigue aferrada al familiar sistema de trineos y cientos de sudorosos obreros que las arrastrarían por rampas, poleas o cualquier otro sistema. ¿Ha pensado alguien seriamente lo que supondría arrastrar sobre unos patines de madera una piedra que pesa lo mismo que el mayor de nuestros aviones? ¿En cómo los moverían para colocarlos en el lugar exacto tan cerca de los demás que no hay forma de meter entre ellos una hoja de papel? Ante estas preguntas yo me encuentro tan desconcertado como seguramente lo esté el lector. Algunos pensarán que los historiadores tienen razón, que de alguna manera lo lograron. Otros sin embargo no estarán tan convencidos, y buscarán alguna explicación que mitigue el desconcierto que les produce semejante proeza. Me gustaría poder darles lo que buscan, pero no puedo ofrecerles una explicación definitiva. Sólo proporcionarles algunas pistas de lo que intuyo pudo suceder, de unos conocimientos ahora perdidos capaces de hacer posible que los hombres movieran bloques de semejante tamaño. Cuando Silvana visita la Casa de la Obra escucha del maestro el modo en que los antiguos convertían la piedra en una especie de puré. El sistema de tornos donde esa pasta volvía a solidificarse antes de colocarse en su lugar es una licencia sin ninguna base, como la misma historia de que es posible algo semejante. Sin embargo no lo hice sin ningún motivo. Las pruebas de que los bloques que forman la pirámide de Keops estuvieron una vez licuados antes de volver a solidificarse son tan numerosas que no puedo por menos de admitirla como posible. Estudios microscópicos y de rayos X han demostrado que en el interior de muchos de esos bloques se encuentran cabellos, restos de telas, bolsas de aire… Este descubrimiento fue realizado por Davidovits y Morris. También se han descubierto bloques donde la cantidad de agua es diferente en la parte superior y en la inferior, algo que como se comprenderá no es posible en rocas con millones de años procedentes de una cantera natural. Y si esto no fuera suficiente vemos cómo en algunas construcciones se observan lo que claramente parecen añadidos, como si las fracturas producidas en algunos bloques se hubieran rellenado con una pasta correctora que no se diferencia en nada a la que recubre. Si las pruebas anteriores no han convencido al lector escéptico ahí van algunas más. El obelisco de Assuán que cada año admiran millones de turistas permanece en tierra como un enigma más de los muchos con que nos atrapa esa extraordinaria civilización. En su superficie y en la piedra que le rodea, de la que evidentemente formaba parte, se aprecian con absoluta claridad las huellas dejadas por una especie de pala… Exactamente las mismas que veríamos si la roca fuera de mantequilla. Como si cuando se empezó a perfilar algo hubiera conseguido que su superficie se ablandara. El motivo de por qué no se concluyó y el modo en que pensaban transportarlo hasta el lugar donde debía alzarse son dos nuevos misterios a los que nadie ha sabido dar explicación. Cerca de mil toneladas de piedra que en la actualidad sería tremendamente difícil mover y que al parecer hace milenios era algo que se hacía con absoluta normalidad. La explicación de que conocían el modo de ablandar la piedra se refuerza con un nuevo descubrimiento de Davidovits. Al traducir la Estela del Hambre, situada en una isla a pocos kilómetros de Assuán, creyó ver en ella la fórmula química que permitiría obtener un líquido capaz de convertir la piedra en algo similar a una pasta. Incluso parece que llegó a conseguirlo en sus experimentos, aunque luego no logró que volviera a solidificarse. Sin embargo, a pesar del “relativo fracaso” parece demostrarse que ciertamente existe la posibilidad de hacerlo. Algo similar le pasó al sacerdote Jorge Lira, que trabajó con una mezcla de plantas capaces de conseguir el mismo efecto. Eso explicaría cómo se erigió la fortaleza peruana de Sacsayhuamán, situada a más de tres mil metros de altura, o se transportaron los gigantescos menhires que se yerguen en otras partes de Perú. Algunos de ellos, como hace notar Silvana en la novela, tienen las más extrañas formas, y sin embargo están perfectamente encajados con los que le rodean. ¿Cómo pudieron hacer semejante obra a fuerza de brazos y martillos de piedra? ¿Cómo pudieron llevarlos hasta allí y unirlos con semejante precisión? La explicación más plausible, al menos desde mi punto de vista, es que consiguieron de alguna manera convertir la roca en una especie de puré fácilmente transportable hasta su destino y colocarlo en la forma deseada antes que volviera a solidificarse. El lector decidirá cual le gusta más. Las otras alternativas son la intervención de extraterrestres, que consiguieron hacerlas levitar desde las canteras o que fuera obra de gigantes…Aunque también los romanos erigieron construcciones imponentes a base de esclavos y magníficos ingenieros. Difícil elección, ¿verdad? Para terminar me gustaría comentar algo que me parece sumamente interesante. A pesar de lo importante que eran para los egipcios estas construcciones dedicadas a los dioses o el faraón, no hay prácticamente ninguna representación de cómo se trasladaban esos bloques. Ninguna pintura o jeroglífico nos deja ver las hiladas de obreros o la forma de las rampas. Sólo, como apunta el maestro en la Casa de la Obra , el transporte de un bloque de sesenta toneladas que por lo extraordinario de semejante proeza mereció quedar recogido para la posteridad. ¿Por qué no hacerlo entonces cuando movían bloques de más de quinientas toneladas? Ya dijo la reina Hatshepsut que las generaciones futuras nos asombraríamos de la técnica empleada en la construcción e izado de los grandes obeliscos. Por mi parte estaba en lo cierto. |
En la novela Ahâ-Men-Ptah se hace continua referencia al empleo de la electricidad, a grandes bobinas que proveen de energía a las ciudades, a dispositivos más pequeños que mueven las hélices de barcos y aeronaves, y a las pilas que acumulan esta electricidad y que pueden moverse de un lugar a otro para emplearlos en la decoración de tumbas o visitar oscuras cuevas y así disfrutar de las maravillas que encierran. Cualquier historiador saltaría de su asiento para rebatir con ardor semejante afirmación, pero algunos descubrimientos nos hacen pensar que hace miles de años conocían la manera de generar electricidad. En otros enlaces de esta página se habla del aluminio y la necesidad inexcusable del emplear esta forma de energía para producirlo, también de su uso en el dorado de piezas mediante la electrolisis, y de su concurso para separar de las moléculas de agua el oxígeno y el hidrógeno. Este último elemento es el que usarían en El Imperio de las Islas para elevar sus aeronaves pero, como puede comprender el lector, es únicamente una suposición fruto de mi búsqueda por encontrar un tipo de gas capaz de ser utilizado para ese fin y susceptible de ser obtenido con el empleo de la electricidad. Pero sigamos con las pruebas a las que me refería más arriba. Debemos empezar comentando que a pesar del ingenioso sistema de espejos que los egipcios empleaban para iluminar lo más profundo de sus templos y galerías, hay algunos lugares como tumbas o sótanos donde su complejidad impide la utilización de este sistema para alumbrar a los artesanos que las construían o decoraban. Y lo mejor de todo: no se han descubierto rastros de que hubieran empleado antorchas, candiles o cualquier otro sistema de iluminación. El lector pensará, como es su obligación, que posiblemente utilizaran algún dispositivo cuyos restos no mancharan el techo o las paredes y que los arqueólogos aún no han descubierto… Porque necesariamente debieron emplear alguno. También yo lo he hecho, y teniendo en cuenta las cosas que todavía ignoramos de esta civilización lo veo como algo completamente factible, con un sistema tan ingenioso que me hará reír de mi propia estupidez cuando salga a la luz. Sin embargo hasta que llegue ese momento debemos aferrarnos a lo que tenemos delante, y esto, ni más ni menos, es lo que parece la representación de bombillas en los sótanos del templo de Dendera. Sí, estimado lector, el mismo donde se encontraba el famoso zodiaco. Fueron descubiertos en 1982 por Peter Krassa y Reinhald Habeck. De una flor de loto, que por cierto los egipcios consideraban como el lugar donde se formó la primera luz, sale una especie de elipse en cuyo interior se agita una serpiente. Al otro extremo, la elipse, que parece transparente, se apoya en un pilar especial formado por piezas intercaladas de dos tamaños diferentes desconcertantemente parecidos a los dispositivos de cerámica o porcelana que podemos ver en cualquiera de las estaciones eléctricas que rodean nuestras ciudades. Posiblemente exista otra explicación para semejante representación, pero si alguien intentara construir una “auténtica bombilla” basándose en estos grabados y tuviera éxito la cosa cambiaría. Y eso sucedió cuando Walter Garn lo logró. Ante algo así las dudas parecen disiparse evidenciando que al menos algunos iniciados conservaban ciertos conocimientos heredados de un tiempo muy anterior en el que el hombre sí dominaba este tipo de energía además de otros conocimientos tecnológicos que ellos se encargaban de custodiar. Algo que tengo la impresión ha sucedido durante los últimos miles de años. Espero haber despertado la curiosidad del lector sobre el asunto y que con lo expuesto sepa disculpar la licencia que me tomé con las enormes bobinas del sótano al que accede Silvana. De todos modos las pruebas aún no han terminado, y las baterías a que se refiere el maestro de la Casa de la Obra pudieron existir si nos atenemos a los descubrimientos que expongo a continuación. En 1938 Wilhelm Köning descubrió cerca de Bagdad una vasija que tenía en su interior una barra de cobre sujeta al tapón que la cerraba. Dentro de ella había una varilla de hierro que sobresalía del borde de la vasija. Intuyendo su verdadera naturaleza, Köning la llenó de líquido electrolítico y logró que funcionara. Curioso, ¿verdad? Si teóricamente la pila eléctrica no se descubrió hasta que Volta lo hizo en el año 1845, ¿por qué este recipiente era capaz de funcionar como tal? Sin embargo este hallazgo no parece el único, y se han descubierto otros similares en la misma zona. Alusiones sobre objetos que producen una luz inusualmente duradera han llegado a nosotros desde la más remota antigüedad, la época clásica, la Edad Media , el Renacimiento o la Edad Moderna … Algunas incluso mencionan la existencia de una especie de autómatas, humanos y animales, que teniendo en cuenta lo que eran capaces de hacer hoy llamaríamos sin dudarlo robots. Supongo que no sorprenderá al lector saber que en todos los casos se les consideraba “algo fuera de ese tiempo”, como si quienes las empleaban aceptaran que provenían de una época remota en la que su uso era habitual. Un simple juego de los hombres que vivieron antes del Diluvio en el mejor de los casos o un regalo de los dioses en el peor... Esta última era la excusa más socorrida cuando no se sabía la procedencia de uno de estos objetos maravillosos a los que eran incapaces de dar explicación. Aunque lo más curioso son las detalladas instrucciones para fabricar baterías que se hacen en algunos textos hindúes. De nuevo la India … |
En El Imperio de las Islas se mencionan “las espadas de Tarcis cuyos filos nunca se oxidaban”. Lo importante de estas palabras no es el nombre, inventado como otros muchos, sino como habrá adivinado el lector, la mención a un acero que no se oxidaba. Imagino que estará pensando en dos posibilidades: el aluminio y el acero inoxidable. De ellos hablaré a continuación, pues por extraño que parezca ambos materiales eran conocidos en la antigüedad aunque teóricamente en esos tiempos no disponían de la tecnología necesaria para obtenerlos. La mención a una espada hace imposible que se tratara de aluminio, supongo que demasiado frágil para batirse con armas similares de hierro o bronce. No es más que una licencia, pero si bien es cierto que nadie combatiría con una espada de aluminio en la mano, es posible que con ese metal se hicieran otros objetos que no necesitaran demostrar su dureza, sino todo lo contrario. Platos, cráteras, hebillas… Cualquier objeto que antes se realizara con materiales pesados y por tanto menos manejables, pudieron ser confeccionados con un material que fuera tan liviano y a la vez tan resistente que causara admiración en cuantos lo contemplaran. Las pruebas están ahí, en las tumbas de ciertos personajes importantes. Esto indica que no era un metal de uso común, sino que estaba reservado a los más poderosos. Sin embargo el misterio permanece. La extracción de este metal no se consiguió hasta 1827, cuando Friedrich Wöler lo obtuvo de la bauxita mediante electrolisis y con temperaturas superiores a mil grados. El lector atento habrá adivinado qué significa semejante afirmación. Es prácticamente imposible, pero quizás hace miles de años lograron unos hornos capaces de alcanzar semejante temperatura. Puede que algunos historiadores aceptaran a regañadientes este hecho, pero lo que nunca admitirían es que emplearan la electricidad necesaria para completar el proceso… Algo que para ellos es “totalmente imposible”. Este tema se trata en otro enlace, por lo que seguiremos con las pruebas encontradas por los arqueólogos sobre la existencia de aluminio en la antigüedad. Demos por hecho que de alguna manera lo hicieron. Y digo esto porque en varias tumbas peruanas se han hallado piezas cuyo porcentaje de aluminio es tan alto, superior al ochenta por ciento, que podemos hablar sin temor a equivocarnos de este material. Lo mismo sucedió en alguna tumba china, y esto nos lleva a dos conclusiones que quizás sean en realidad dos preguntas: Si en la antigüedad obtenían aluminio de la bauxita tuvieron que usar necesariamente la electricidad, pues el método electrolítico es por ahora el único que se conoce para hacerlo. Y segundo. Si las antiguas culturas del planeta, en este caso algunas americanas, conocían los fundamentos de la obtención del aluminio, alguien tuvo que instruirles sobre ese proceso. Aunque los primeros colonizadores del continente americano fueran escandinavos, chinos o japoneses desde el Pacífico, o Colón en 1492, ¿cómo sabían éstos la manera de obtener el aluminio cuando teóricamente no se descubrió hasta el siglo veinte? Difícil pregunta a la que solo se me ocurre una respuesta. Que quizás en algunas regiones los conocimientos necesarios para semejante proeza se mantuvieran en secreto dentro de grupos de iniciados. Conocimientos heredados de una cultura tecnológicamente avanzada que habitó la Tierra hace muchos miles de años y cuyos restos han quedado desdibujados por el paso del tiempo hasta convertirse en mitos y leyendas. En incomprensibles fichas de un puzzle que de vez en cuando aparecen y que somos incapaces de ubicar correctamente. No me refiero a visitantes de otros planetas, sino a los restos de una civilización creada por nuestros antepasados, a seres como nosotros desaparecidos en un cataclismo que me gustaría saber si provocaron con las guerras narradas en la mitología hindú o causado por un desastre natural. De todos modos cada cual decidirá qué teoría le gusta más, incluida la de seres procedentes del espacio si cree que las pruebas son irrefutables. Para terminar me gustaría hacer referencia a los objetos inoxidables que se alzan en nuestro planeta desafiando de nuevo lo que la Historia nos intenta hacer creer. Uno de ellos, mencionado por Eric von Däniken en su obra El oro de los dioses, se encuentra en Kottenforst, y los estudios demuestran que se extiende treinta metros bajo tierra. A este pilar se le conoce como el Hombre de Hierro. Sin embargo los más espectaculares se hallan en la India. ¿Casualidad? Sinceramente no lo creo. Su porcentaje de hierro es desconcertante para la antigüedad de quince siglos que se les atribuye, aunque parece que son muy anteriores, sobrepasando el noventa y nueve por ciento. Algo para lo que no estaban preparados tecnológicamente hablando. Las explicaciones de su inmutabilidad van desde una forma especial de fundido que los metalúrgicos actuales no han descubierto, a la acción de la grasa con que los fieles las impregnan al acercarse a solicitar su protección. Uno es una columna y el otro un pilar, ambos situados en templos. Los textos en sánscrito que las adornan parecen hacer referencia a la forma en que se obtuvieron, sus utilidades y su relación con una energía desconocida, pero están tan desdibujados que es imposible sacar nada en claro. El pilar se encuentra a los pies de la montaña Kudasaadri, en un templo dedicado a la Diosa Madre , y algunos piensan que protege a los fieles a través de la energía que atrae antes de hacerla fluir al interior del planeta. Ésta es una de las teorías que intentan explicar su función, pero hay muchas más. El lector puede profundizar en el tema e intentar construir la suya propia. Teniendo en cuenta la influencia que el sexo tántrico ha tenido en esa parte del mundo y aunque los antiguos concedían a la energía celestial la categoría de femenina, se me ocurre lo siguiente: Si la Tierra necesita ser fecundada para que dé sus frutos, ¿qué mejor modo de hacerlo que con un pilar capaz de depositar las energías cósmicas en su seno? Desde mi punto de vista sería la mejor manera de fundir ambas partes del universo, la Tierra que nos da la vida y el Cielo donde moran los dioses que veneramos. |
El lugar donde vivían los fundadores de la civilización egipcia se llamaba Ahâ-Men-Ptah, que significa Primer Corazón de Ptah. Es la Amenta de los griegos, el lugar que Platón convirtió en la mítica Atlántida. Los textos aluden a un enfrentamiento entre los que deseaban seguir las normas dictadas por los dioses y quienes deseaban crear su propio imperio, un lugar donde imperaba la injusticia y el despotismo. Set, que buscaba la independencia de Ahâ-Men-Ptah, asesinó a su hermano Osiris. Cuando los restos de éste se alejaban sobre la barca en que Isis y Horus le habían depositado, Ra desató su ira sobre aquel país cuando su hijo no pudo evitar injuriar a la divinidad por permitir semejante crueldad con quienes más les veneraban. Ese es el momento en que comienza la destrucción de aquella isla. Volcanes, terremotos, fuego y piedras caídas del cielo… Todas las catástrofes imaginables se abatieron sobre Ahâ-Men-Ptah y la hundieron en el fondo del océano… Algo que muchas otras culturas del planeta también nos han transmitido en sus leyendas. Quienes lograron escapar a la destrucción lo hicieron hacia las tierras que les rodeaban. Algunos fueron al oeste, hacia América, y otros buscaron en sentido contrario las costas de Europa y África. Quienes consiguieron su objetivo lo hicieron tras múltiples penalidades, y la representación de esta huída aparece claramente representada en algunas tumbas egipcias donde vemos cómo alcanzaron la salvación sobre las insumergibles barcas manjiid. Aparecen con vendas en la cabeza, aludiendo a las dificultades que encontraron antes de llegar a un lugar seguro lejos de la destrucción y el caos. Los que arribaron a las costas africanas iniciaron un periplo que les llevaría a su nuevo destino, al lugar donde habían decidido refundar su imperio. Un lugar que quizás ya existiera como tal antes del desastre, que conocían y consideraban el más parecido al que habían dejado atrás. Le llamarían Ath-Ka-Ptah, Segundo Corazón de Ptah, y que los griegos nos legarían como Egipto. Evidentemente, y a pesar del desastre, llevaron con ellos tales conocimientos científicos que hicieron de ese lugar el foco cultural y religioso más importante de su época. Algo que desde mi punto de vista los historiadores son incapaces de explicar convincentemente, porque según ellos la cultura egipcia surgió en un espacio de tiempo cortísimo con todos sus conocimientos y mitos perfectamente desarrollados, como si el paso de la edad de piedra a levantar pirámides y forjar una sociedad con una estructura social tan compleja se hubiera producido por arte de magia. Sin embargo procuraron no olvidar el desastre ni que las futuras generaciones lo hicieran. Así, junto a los relatos de algunos textos como el Libro de los Muertos y las pinturas mencionadas donde se relata su huída, quisieron dejar constancia de lo sucedido en un calendario de piedra, y hacerlo de tal manera que la magnitud del desastre quedara fuera de toda duda. Entre las figuras que llenan el famoso Zodiaco de Dendera aparece un león en una barca junto a la que surgen cinco trazos sinuosos. Recordemos que en este zodiaco la constelación de Leo señala el equinoccio de primavera, algo que debió ocurrir hace nueve mil años, que entonces el sol se encontraba en esa constelación, y que las cinco líneas quebradas significan tal cantidad de agua que la única palabra que puede definirlo es diluvio. Leones y esfinges… ¿Coincidencia? |
Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en las obras del filósofo griego Platón, Timeo y Critias. El hecho de que antes nadie la mencionara confirma para muchos que no es más que un mito, el marco idóneo para albergar sus teorías sobre las diferentes formas de gobierno. En el Timeo se habla de una tierra situada al oeste de las Columnas de Hércules, el estrecho de Gibraltar, de una extensión superior a Libia y Asia juntas (lo que entendían por tales en su época). Curiosamente señala que en aquellos tiempos, nueve mil años atrás, el océano Atlántico se podía atravesar, que era posible ir desde esta isla a otras situadas más allá y llegar al continente que había al otro lado. Una muestra más de su prolija imaginación cuando nadie sospechaba que al otro lado del océano existieran esas tierras, sino que éste terminaba en insondables abismos por los que caía hacia un infinito que aterró a los sucesivos navegantes hasta el final de la Edad Media. Señala también que sus reyes gobernaban esa isla y algunas que la rodeaban, y que su control se extendía desde el interior de Libia hasta Egipto, y en Europa hasta Tirrenia. Asimismo cuenta en el Timeo la guerra que los atenienses mantuvieron contra unos atlantes que impulsados por su codicia deseaban esclavizar también esas tierras. Platón relata en Critias la historia que éste escuchó por boca de Solón, que a su vez le fue narrada por un sacerdote egipcio en su viaje al país del Nilo. En ella le expuso el origen de la civilización egipcia, que según los iniciados se remontaba a diez mil años atrás. Ése es el momento en que le habla de la mítica Atlántida, un continente o isla que ellos llamaban Ahâ-Men-Ptah y del que provenían sus ancestros, dioses míticos que huyeron de ella cuando una serie de catástrofes la hundió en el océano. Esta parte de la historia se trata con mayor profundidad en otro enlace de esta página. Pero sigamos con Platón. En el Timeo explica cómo estaba estructurada esa sociedad, y habla de las clases sociales: sacerdotes, guerreros, artesanos, pastores, cazadores y agricultores. Se admira de la sabiduría que adquirieron, de sus conocimientos sobre el firmamento y la medicina. En Critias relata cómo era físicamente esa isla, la forma anillada de su capital, la gran llanura que se extendía hasta las montañas sagradas de Clito, la distribución de las islas entre los descendientes de Poseidón, del famoso oricalco, de los palacios y templos, de la estatua de Poseidón… Las descripciones contenidas en El Imperio de las Islas siguen fielmente sus palabras, aunque la ceremonia en el interior del templo ha sido modificada. También nos relata “cómo se sometían a las leyes, tenían pensamientos verdaderos y se valían de la inteligencia para los acontecimientos que siempre ocurren y también entre ellos mismos”. Sin embargo, “cuando la parte divina desapareció de ellos, el temperamento humano les dominó y se volvieron arrogantes e indecentes”. Es en este momento cuando Zeus reúne a todos los dioses para imponerles una pena que les hiciera volverse más modestos y prudentes. Aquí termina el diálogo. Real o invención, lo cierto es que desde antiguo se ha intentado localizar el lugar donde se asentaba. Y la cantidad de teorías que en el último siglo se han forjado intentando localizar esa civilización sin la que muchos misterios de la antigüedad no podrían ser explicados confirma la determinación de muchos investigadores a no aceptar las teorías oficiales. Una cultura muy avanzada que recorrió el mundo dejando su forma de pensamiento, sus mitos, sus guerras e incluso sus propias palabras en lugares tan apartados que pensar en una coincidencia me parece absurdo. Algunas de estas teorías sitúan a la Atlántida junto al estrecho de Gibraltar, y apuestan concretamente por Tartesos como origen del mito. Siguiendo el mismo lugar señalado por Platón, otros proponen que algunas de las cimas que recorren el fondo del océano Atlántico desde Islandia hasta casi la Antártida son parte de ese mítico continente. Otros lo sitúan en el norte de Europa, más concretamente en los países escandinavos. Para algunos esa misteriosa y desarrollada civilización no es otra que la minoica situada en Creta, mientras otros optan por Santorini arguyendo como prueba la descomunal explosión volcánica que la redujo a la mitad. Últimamente algunos investigadores creen haberla localizado en Perú, la selva brasileña, las cercanías de Cuba y la Florida , al suroeste de las Islas Británicas… Los lugares varían según se descubren nuevos restos de los que nada se sabía y para en los que muchos casos no existe una explicación plausible. Un ejemplo de esto último lo tenemos en los restos encontrados bajo el mar en algunas partes de las Bimini. No me refiero a las formaciones descubiertas hace algunas décadas, supuestos muros, calzadas e incluso alguna pirámide, y de las que por desgracia no se ha vuelto a saber nada. Más esperanzadores parecen los restos hallados cerca de Cuba, y de los que al parecer se han podido extraer muestras orgánicas con las que determinar su antigüedad. Parecen prometedoras, y si se confirmara una antigüedad cercana a la señalada por Platón se pondrían en duda muchas de las teorías actuales sobre lo que sucedía en nuestro planeta hace diez mil años… Cuando teóricamente abandonábamos las cavernas para fundar en Turquía o Jericó los primeros asentamientos humanos capaces de ser llamado “poblados”. La última teoría a la quiero hacer mención, por no dejarla en el tintero, la sitúa bajo los hielos de la Antártida. Es de Graham Hancock, y para ello se basa en los mapas de Piris Reis y de Oronteus Finaeus, donde aparece parte de este continente libre de los hielos y teóricamente confeccionados en una época, siglo XVI, en la que este conocimiento era completamente imposible. Evidentemente son restos o copias de otros mucho más antiguos que debieron permanecer en poder de iniciados, y de una época en la que marineros o aeronautas fueron capaces de confeccionar unos mapas con una precisión asombrosa. Parece ser que la última vez que se pudo ver la costa de la Antártida fue cuatro mil años antes de cristo, por lo que argumenta Hancock que en la época descrita por Platón debía estar libre de hielo y posiblemente habitada. Su teoría se reforzó con las investigaciones de los canadienses Rand y Rose Flem-Ath, que aseguraban su convicción de que la Antártida estaba situada hace trece mil años frente al estrecho de Gibraltar, y que debido a un repentino movimiento de las placas terrestres se deslizó hacia su actual emplazamiento. No estoy seguro si en tan pocos años, geológicamente hablando no son absolutamente nada, un continente de esas características puede desplazarse miles de kilómetros. Pero no soy un experto y por tanto lo dejo a criterio del lector. Sin embargo, decir que porque en estos mapas aparece la Antártida necesariamente tuvo que estar allí, me parece bastante peregrino. Si también aparecen otras partes del planeta, ¿por qué no buscar en ellas? Por ahora parece bastante difícil comprobar si es acertada o no, lo mismo que si alguien postulara que se encuentra en la luna o bajo cien metros de la arena de cualquier desierto. Imposible demostrarlo, pero es sólo mi opinión. Me gustaría terminar con una frase del Timeo que me parece reveladora. Quizás la prueba apuntada por muchos investigadores de los contactos de Platón con iniciados que sabían de nuestro pasado mucho más de lo que sus contemporáneos imaginaban. Dice así: “… porque recordáis un solo diluvio de los muchos que se han producido antes”. |
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